Si nos remontamos al año mencionado, inmediatamente se nos viene a la mente el difícil concierto internacional por el que atravesaba la humanidad. Las tensiones provocadas por la Guerra Fría, repletaban los periódicos nacionales de la época. Por esta razón, la visita de Olav V pasó a transformarse en un acontecimiento que pocos recuerdan, pero que ciertamente, es de gran relevancia y marca un antes y un después entre las relaciones diplomáticas entre Chile y Noruega.
El Rey Olav V heredó el trono en 1957, año en que Haakon VII muere. Desde siempre, Olav V se involucró en los asuntos del reino, gracias a la preocupación de su padre, quien le permitió asistir frecuentemente a las sesiones del Storting (Parlamento) y observar como se debatía el futuro de Noruega.
Rápidamente, Olav V, se transformó en un importantísimo personaje para los noruegos, y gozó en vida del cariño de su pueblo y de una gran popularidad, justificada por el gran compromiso que manifestó desde siempre por su Nación. Más allá de sus responsabilidades políticas, Olav V participó en todos los ámbitos en que Noruega estuviese relacionada, uno de los ejemplos más representativos podemos encontrarlo en su brillante participación en los Juegos Olímpicos de Amsterdan del año 1928, en los cuales, no solamente mostró sus aptitudes para la navegación a vela, sino que además, ganó una medalla de oro en la categoría de los seis metros. Este hecho, entre otros tantos, le entregó una atractiva personalidad que se manifestó con la admiración y el orgullo de los noruegos.
Las inquietudes de Olav V fueron múltiples y contemplaban en su mayoría, el deseo por comenzar relaciones interculturales entre Noruega y otros rincones del mundo. Por tal motivo, no es de extrañar que antes de su visita a Sudamérica, Chile ya era un atractivo destino con el cual estrechar lazos, considerando entre otras cosas, que Olav V, siendo aún un Príncipe, financió uno de los viajes de exploración e investigación científica más importantes que se hayan realizado en la Isla de Pascua.
Entre los años 1955 y 1956 al explorador e investigador noruego Thor Heyerdahl, luego de recorrer el Pacífico en su famosa balsa Kon Tiki, inmortalizó sus descubrimientos en la isla en el famoso libro Aku Aku, dando a conocer las bellezas y misterios de Rapa Nui en todo el mundo y como muestra de su agradecimiento por la ayuda económica recibida, Heyerdahl redactó en honor a Olav V, la única y significativa dedicatoria que posee el texto, llamándolo el “ilustre protector de la expedición”.
El rey Olav V de Noruega, motivado por su gran espíritu aventurero y por su deseo de fomentar el contacto diplomático con otras regiones del Globo, programó una visita real a Sudamérica entre los días 6 y 21 de septiembre de 1967, siendo su primer destino Brasil, país que gozó con la estadía más larga del Monarca, entre los días 6 y 13, respectivamente, tiempo en el que visitó Río de Janeiro, Brasilia, Sao Paulo y Santos. En Chile, el Rey Olav V permaneció entre los días 13 y 16 de septiembre y en Argentina entre los días 18 y 21.
El Rey Olav V llegó a Chile al Aeropuerto Internacional Pudahuel a las tres y diez de la tarde, acompañado por una comitiva integrada por el Ministro de Industria y Manufacturas Sverre W. Rostotoft, el Secretario General del Ministerio de Asuntos Exteriores Thore Boye, el Director del Gabinete Civil Vincent Bommen, el Mariscal de la Corte Real Ingvald Smith- Kielland, el Edecán de Su Majestad el Rey, Coronel Hans N. Ebbing, el Teniente Coronel Kaare Thue, el Representante de Scandinavian Airlines System y el Asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores Kaare Daehlen.
El recibimiento fue extraordinario y encabezado por el Presidente de Chile de ese entonces, Eduardo Frei Montalva, quien preparó una calurosa bienvenida en la cual participó la Fuerza Aérea Chilena, quienes le proclamaron múltiples manifestaciones de aprecio, como por ejemplo, la entonación del Himno de Noruega y el estrepitoso sonido de veintiún cañonazos en su honor.
El camino del aeropuerto, no se encontró exento de manifestaciones de cariño por parte de los santiaguinos. El destino del trayecto era el Hotel Carrera, residencia oficial del Rey durante su estadía en Chile, lugar en el cual Olav V y el Presidente intercambiaron significativos obsequios. Eduardo Frei Montalva recibió por parte del Rey noruego, la Orden de San Olav, en el grado de Gran Collar.
Esa misma tarde, el Cuerpo Diplomático acreditado ante el gobierno de Chile, le dio la bienvenida oficial al Monarca en el Salón de los Embajadores del Hotel Carrera y más tarde, el Rey Olav V se reunió con la comunidad noruega residente en Chile, quienes lo recibieron con gran entusiasmo teniendo, además, el privilegio de compartir cercanamente con él una agradable y cálida velada.
El día siguiente, el Monarca participó de las actividades programadas por la Municipalidad de Santiago, entre las cuales se llevó a cabo la entrega de una ofrenda floral a los pies del monumento de Bernardo O’Higgins Riquelme, y posteriormente, el alcalde de Santiago Manuel Fernández, le hizo entrega de la Medalla de Oro declarándolo Hijo Ilustre.
La tarde del 14 de septiembre, fue íntegramente campestre. Olav V asistió a una comida en su honor organizada por el, en ese entonces, Ministro de Relaciones Exteriores Gabriel Valdés Subercaseaux, en la Viña Undurraga ubicada en el fundo Las Mercedes, entre Santiago y Talagante.
En Las Mercedes Olav V participó de múltiples actividades. Dentro de ellas se sumó a la campaña de forestación impulsada por el gobierno de Frei Montalva y plantó una araucaria, observó un conjunto folklórico, tomó chicha en cacho, presidió una competencia de dominio de riendas e interactuó con los campesinos del lugar de forma muy amena. Estos momentos debieron ser, sin duda, de los más entretenidos que vivió el Rey noruego en Chile, si consideramos el hecho de que él fue un hombre de campo, muy aficionado a las actividades agrícolas.
Las actividades de ese día finalizaron con una cena en su honor organizada por el Presidente Frei Montalva en el Palacio de La Moneda, lugar en el cual, ambos mandatarios intercambiaron discursos que proyectaban una duradera amistad entre Chile y Noruega, consolidando oficialmente las buenas relaciones existentes entre ambas naciones.
El 15 de septiembre de 1967, las actividades contemplaban una visita a la Quinta Región. En Valparaíso, Olav V se dirigió hacia la Escuela Naval y presenció múltiples manifestaciones de gratitud hacia su persona. Posteriormente se dirigió hacia Viña del Mar, ciudad en la cual se rendiría un banquete en su honor en el Hotel Miramar en el que asistieron alrededor de setenta personas. Tanto en Valparaíso como en la Ciudad Jardín, se le concedió el reconocimiento de Huésped Ilustre, transformándose en uno de los personajes más importantes que ambas ciudades habrían recibido en su historia. Una vez finalizadas las actividades programadas, se dirigió hacia las inmediaciones de El Belloto, lugar en el cual despegó de regreso a Santiago.
Una vez en Santiago, Olav V, deseoso de agradecer las gratas vivencias en nuestro país, organizó una cena en el Club de La Unión, en la cual sus invitados de honor fueron el Presidente Frei Montalva y su esposa María Ruíz- Tagle. La grata velada culminó con la despedida oficial entre el Rey Olav V y el mandatario chileno, ocasión en la cual quedó completamente sellada la amistad y las buenas relaciones existentes entre ambas naciones, sentando las bases para una sólida unión que prevalece con mucha más fuerza hasta el día de hoy.
El día sábado 16 de septiembre a las diez de la mañana, Olav V culminó su visita oficial a Chile llevándose muy buenos recuerdos de nuestro país. El siguiente y último destino del Monarca noruego en Sudamérica fue Argentina, país al que se dirigió desde el aeropuerto Los Cerrillos, donde lo despidieron el Ministro Gabriel Valdés y otras autoridades, mientras que un destacamento de la Escuela de Aviación le rindió honores en la losa del aeropuerto.
La visita del Rey Olav V a Chile, marca un antes y un después en nuestras relaciones diplomáticas con Noruega. En ella se sientan sólidos cimientos entre ambas naciones, estableciéndose lazos de colaboración y fraternidad mutuas que, con el paso de los años, se han ido consolidando cada vez más.
Los gratos momentos vividos durante la visita del Rey Olav V a Chile, fueron el inicio de una gran amistad. Los positivos deseos proyectados por ambos mandatarios hace cuatro décadas atrás se han cumplido, y los lazos creados ya durante esa primera visita del Rey Olav fueron estrechados aún mediante la visita a Chile que realizó su nieto, el Príncipe Heredero Haakon de Noruega, en enero de 2008.