En relación con la conmemoración de los 100 años de la independencia de Noruega que se celebró en 2005, la Embajada de Noruega en Santiago tomó la iniciativa de investigar sobre la primera inmigración noruega a Chile. El trabajo fue encomendado a la joven investigadora chilena Paula Contreras.
Los resultados fueron sorprendentes; no solo se encontró historias olvidadas e importantes para la historia de Chile – sino también influencias noruegas hasta hoy día en las familias de los descendientes de los pioneros.
Fue sobre todo la tradición polar, de balleneros y pescadores, que contribuyera a la inmigración noruega en Chile. Esto se junta con la grandiosa historia de exploradores noruegos; no hay que olvidar que el primer hombre que llegó al punto Polo Sur, fué el noruego Roald Amundsen, en el año 1911.
La historia nos demuestra que la presencia noruega en estos mares es anterior. En 1889, un noruego hizo el esfuerzo de crear una población noruega en Magallanes; Normannia. No fue un exito, sin embargo es un reflejo del esfuerzo y de los grandes sueños de los noruegos por explorar nuevos mundos.
Fue un noruego, el capitán y ballenero Adolfo Andresen, que por su estadía permanente en el continente Antártico chileno, hizo posible que este fuera reclamado como territorio chileno 50 años más tarde, bajo el Tratado Antárctico.
La pequeña colonia noruega que todavía existe en Chile es un puente histórico y cultural entre los dos países. El libro demuestra lo significativo que son las pequeñas inmigraciones en la historia de Chile y como forman parte del patrimonio cultural.