Mi nombre es María Ángeles Aguilar. Estoy cursando quinto año de mi carrera, Geografía, en la Pontificia Universidad Católica de Chile. El 2005 tuve la oportunidad de hacer un Intercambio Académico en la Universidad Noruega de Ciencias y Tecnología, NTNU, ubicada en Trondheim. Si tuviera que decir en pocas palabras cómo fue mi experiencia allá; “la mejor decisión que he tomado en mi vida” describiría todo.
Postulé a NTNU, primero que todo, porque la UC dentro de la lista de convenios que tiene para intercambios presenta a esta Universidad como una de las opciones. Debido a que mi carrera no se imparte de forma tan masiva como otras, no fue difícil dirigirme hacia universidades que cumplieran con mis criterios de búsqueda. Como primera opción, un criterio fue que los cursos que yo realizara en el extranjero fueran aceptados dentro de mi malla curricular chilena. Segundo, que la universidad otorgara cursos en inglés. Y, finalmente, que el estudio en el exterior fuera un complemento a mi vida tanto educacional como personal. Según lo que observé en mis búsquedas universitarias internacionales, Trondheim me daba la mejor compatibilidad en los tres ámbitos.
Una vez que elegí NTNU para realizar mi intercambio académico, tuve que hacer los trámites pertinentes a la postulación. Recuerdo que para lo que más me preparé fue el test internacional de inglés que tuve que rendir; IELTS. Luego de un buen puntaje obtenido en esta prueba, seguí con el resto de los papeles que se deben llenar. No puedo dejar de mencionar la aplicación que tuve que completar para vivir allá en la residencia de estudiantes, Moholt. Como estudiante tradicional santiaguina, yo vivo con mi familia. Fue entonces esa la primera vez que tuve que salir de mi casa, por lo que me encontraba un poco atemorizada. Por suerte todo salió bien. Después de unos meses esperando la respuesta noruega supe que fui aceptada y comencé mi preparación de inmediato.
Como un excelente método de acercamiento a la vida y cultura donde yo me dirigía, tuve la alegría de conocer a dos estudiantes noruegas que se encontraban aquí en Chile de intercambio. Ambas de Oslo, Karine y Kristin me ayudaron mucho a integrarme con algunas visiones del país: las primeras veces que escuché el idioma; las ideas políticas; la baja población que tienen en comparación con Chile y el alto nivel de calidad de vida fueron las características que supe de Noruega. Por supuesto que hoy en día sé mucho más, al igual como puedo decir que estas “chicas vikingas” son grandes amigas mías.
En Julio de 2005 viajé a tierras nórdicas. Debo decir que al principio no fue fácil salir de Santiago, sobre todo por el miedo de enfrentar un mundo nuevo. Pero contrariamente a todo el sufrimiento que tenía presupuestado para los primeros días de acostumbramiento, debo reconocer que ya en la primera semana en Trondheim comenzó mi excelente experiencia de intercambio. Como primer paso, recorrí la residencia donde iba a vivir y la Universidad donde iba a estudiar. De inmediato conocí a extranjeros que estaban igualmente de intercambio y que además vivían y sentían lo mismo que yo, por lo que no fue difícil acostumbrarme y encontrar cosas en común. De hecho, con un grupo de ellos tenemos una fuerte amistad hasta el día de hoy.
Referente a los estudios, NTNU me dio la alternativa de escoger libremente aquellos cursos que yo tuviera en la mira para realizar. De acuerdo con eso, mi malla curricular consistió en cuatro cursos. El primero y más importante fue “Landscape and Planning”, impartido por la Facultad de Geografía (15 créditos). El Segundo fue “Global English”, otorgado por la Facultad de Literatura Inglesa (7.5 créditos). Los dos últimos cursos fueron dados por la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad, sin créditos. Estos fueron un curso de noruego básico, “Survival Norwegian language” y “Written English”. Todas las instrucciones de mis cursos fueron en inglés, al igual que las evaluaciones.
Dentro de algunas de las actividades que realicé en NTNU fue unirme a la Escuela de Handball de la universidad, integrada por alumnas que están dedicadas a este deporte y que cumplen rigurosamente con entrenamientos e importantes partidos los fines de semana. Tuve la suerte de compartir con estas chicas momentos que me sirvieron para acercarme, entender y aprender de su diario vivir, algo que de todas formas se debe saber y conocer una vez que se toma la decisión de vivir fuera de Chile. Sin embargo luego, y sólo por razones de tiempo, cuando comenzaban los exámenes, tuve que dejar de asistir a estas prácticas y priorizar (con mucha pena, claro es) mis estudios.
Otra de las actividades extracurriculares que desempeñé en Trondheim fue ser parte del grupo representante de alumnos internacionales. Como Secretaria de Asuntos Internacionales de ISU Trondheim (International Student Union of Trondheim) mi misión era acercar a los estudiantes extranjeros a la vida cotidiana noruega, abriendo puertas a una conexión entre todos los estudiantes. Para ello realizamos diversas actividades y fiestas que mantuvieran en vista el acercamiento de todos hacia todos.
Refiriéndome ahora a mis actividades diarias, puedo describir ciertamente la independencia personal en la que me vi envuelta y además a lidiar siempre con nuevas cosas qué hacer. Ciertamente el hecho de conocer a gente prácticamente a diario y que todos ellos me recordaran como “the Chilean one”, la chilena, me incentivó a ser parte de aventuras nuevas y que han dejado grandes huellas en lo personal. Debo reconocer que estudiar en un país tan lejano no es una travesía que se viva a diario y, por eso, hay que aprovecharla al máximo. Por lo tanto, como representante de Chile allá siempre tuve de qué cosas nuevas hablarles a los demás y yo, como aprendiz, tuve muchos desafíos que enfrentar, siendo claramente uno de ellos el idioma.
Pese a que tomé (como antes mencioné) en la universidad un curso de noruego básico, me fue muy difícil asimilar el idioma y practicarlo. Cierto es que los “buenos días”, “muchas gracias” y “hasta luego” eran de cada momento, pero lamentablemente otros sonidos y pronunciaciones no fueron mi fuerte de aprender. Quise, lo intenté, pero lamentablemente no pude aprender más de la lengua. Muchas veces me dije a mí misma que si yo hubiera tenido una base de alemán quizá hubiera sido más fácil, por el origen del idioma. Y lo digo ya que ciertamente relacionarlo sólo con el inglés (proveniente también del germano) no me ayudó como yo esperaba. Pero bueno, lo que me quedó estupendamente claro fue que así como no pude mejorar mi noruego, fue como subió mi nivel de inglés rotundamente. Del “dominio avanzado” que se suele describir en los currículos, el mío pasó a ser “perfectamente fluido”. Además de pasar varios días sin decir ni una gota de español, sirviéndome esto bastante para impulsar mi necesidad de usar el inglés, en Noruega se encuentra la ventaja de que toda la gente habla perfecto este idioma. Yo diría que incluso, y me a trevo a decirlo por la experiencia que tuve allá, el inglés es segunda lengua de los noruegos.
Espero con mucho entusiasmo que otros estudiantes chilenos consideren viajar a Noruega para realizar un intercambio académico, ya que la experiencia de estar allá es única. Les sugiero a todos que no se rijan sólo por una visión de estudio, sino que también participen de otras actividades complementarias. Definitivamente arriesgarse a más vale la pena. Lo digo de todo corazón, con todos los buenos momentos en la mente.