Inteligencia artificial y energía en Chile: un desafío crucial

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Durante los últimos años, Chile ha estado inmerso en un intenso debate sobre la integración de energías renovables, la reducción del vertimiento solar, la incorporación de sistemas de almacenamiento y la expansión de su red de transmisión. A medida que el país avanza hacia un futuro energético más sostenible, los desafíos se vuelven cada vez más complejos, especialmente con la creciente presión que la inteligencia artificial (IA) está comenzando a ejercer sobre la infraestructura eléctrica. Esta nueva variable en la ecuación energética sugiere que la planificación deberá adaptarse a un escenario donde la demanda digital jugará un rol crucial, más allá de las tradicionales consideraciones de consumo energético.

La inteligencia artificial, aunque generalmente relacionada con algoritmos y tecnologías de automatización, requiere de una robusta infraestructura técnica que incluye servidores, procesadores especializados y centros de datos. Estas instalaciones demandan cantidades significativas de electricidad, operando prácticamente las 24 horas del día. Según datos recientes, el consumo eléctrico global de los centros de datos alcanzó aproximadamente 415 TWh durante 2024, y la Agencia Internacional de Energía pronostica que este número podría más que duplicarse para 2030. Este aumento en la demanda eléctrica es algo que Chile deberá considerarse urgentemente en su planificación energética.

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Chile, aunque todavía no enfrenta la misma magnitud que otros países como Irlanda, está comenzando a ver un crecimiento significativo en la capacidad eléctrica asociada a centros de datos. Desde 2014, la capacidad en la Región Metropolitana se ha incrementado de alrededor de 24 MW a 173 MW en 2024, con inversiones proyectadas que superan los miles de millones de dólares. Gigantes tecnológicos como AWS han anunciado nuevas inversiones en infraestructura, lo que refuerza la percepción de Chile como un polo atractivo para la inversión en tecnología. Sin embargo, este crecimiento trae consigo un nuevo reto: la disponibilidad de electricidad necesaria para alimentar esta creciente infraestructura.

Un centro de datos promedio, aunque puede parecer pequeño dentro de un sistema eléctrico nacional de más de 12.000 MW de demanda máxima, presenta características únicas que aumentan su impacto energético. Estos centros suelen operar con una demanda alta y constante, lo que puede llevar a una presión considerable sobre las subestaciones y líneas de transmisión, especialmente cuando se incorporan grandes bloques de energía en puntos específicos del sistema eléctrico. Esta presión no solo puede generar congestión, sino también limitar la capacidad de respuesta ante nuevas demandas.

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La ventaja que posee Chile en recursos solares y eólicos excepcionales, así como una matriz eléctrica que transita hacia las energías renovables, puede verse desafiada por la diferencia entre la energía disponible y la capacidad de conexión que los centros de datos requieren. La planificación energética debe, por tanto, comenzar a incluir esta nueva demanda digital, considerando escenarios a largo plazo que contemplen cientos de megavatios en regiones específicas como Antofagasta, donde la presión por la conexión se hace evidente. Así, el fenómeno de la IA y los centros de datos está dejando de ser solo una cuestión tecnológica para convertirse en una pieza clave de la planificación eléctrica nacional.

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