En un contexto donde la competitividad empresarial está amenazada por el aumento constante de los precios de la energía, María Luisa Lozano, CEO de Emma Energy, respalda con firmeza las afirmaciones del comisionado de Energía y Vivienda de la Comisión Europea, Dan Jørgensen. Este advirtió sobre las repercusiones que una crisis energética prolongada podría tener no solo en los resultados financieros de las empresas, sino también en el empleo y el bienestar de las comunidades. La eficiencia energética, según Jørgensen, debería estar en el centro de las decisiones estratégicas de las compañías, un enfoque que Lozano considera fundamental si se quiere avanzar hacia un modelo más sostenible y competitivo.
Lozano señala que, a pesar de ser consciente del valor inherente de la eficiencia energética, el sector empresarial ha tardado en adoptar medidas efectivas. Para ella, es crucial dejar atrás las iniciativas aisladas y comenzar a integrar la eficiencia energética como una parte fundamental de la operativa de las empresas. Es necesario que esta integración vaya acompañada de políticas públicas que no solo fomenten, sino que también estructuren un marco claro de incentivos y directrices, facilitando así su implementación a nivel corporativo.
En el caso de Chile, la situación es aún más compleja. Aunque el país cuenta con una Ley de Eficiencia Energética desde el 2023, la real efectividad de esta legislación es algo que aún está por verse. Recientes informes indican que solo ahora se están finalizando los balances energéticos correspondientes al primer año de gestión, sugiriendo que los efectos tangibles de la ley no será evidente hasta 2026. Sin embargo, Lozano destaca algunos signos alentadores, como el crecimiento en el número de empresas que comienzan a gestionar activamente su consumo energético, un cambio que se traduce tanto por la ley como por un creciente compromiso hacia la descarbonización.
A pesar de estos avances, varias empresas chilenas aún se encuentran en una etapa muy inicial, limitándose a registrar sus consumos de energía en hojas de cálculo, lo que, aunque significativo, representa solo el primer paso. Lozano enfatiza que el verdadero desafío radica en lo que vendrá después: la capacidad de tomar decisiones fundamentadas en datos confiables en lugar de conjeturas o soluciones genéricas. Para lograr un impacto real y observable en la eficiencia energética, es fundamental recopilar y analizar datos de manera precisa.
Hoy más que nunca, Chile necesita enfocarse en la obtención de datos relevantes que permitan evaluar su progreso en eficiencia energética, identificar áreas de mejora y desarrollar políticas públicas más efectivas. Con una base sólida de información, un conocimiento profundo y la voluntad política, el país podrá integrar la eficiencia energética de manera efectiva en su modelo de desarrollo. Como conclusión, Lozano sostiene que el futuro energético de Chile dependerá de su capacidad para adoptar un enfoque proactivo y bien informado hacia la eficiencia energética.




