El informe “Estado de la electrificación en Chile 2026”, presentado el 14 de octubre por la ONG Uno Punto Cinco durante el webinar “Meta 2035, el desafío de acelerar la electrificación en Chile”, revela que el país avanza en su camino hacia la electrificación a un ritmo alarmantemente lento. Con un requerimiento de alcanzar que la electricidad represente el 35% del consumo energético total para 2035, Chile se encuentra operando a casi nueve veces menos de lo necesario para cumplir con esa meta. Este panorama es especialmente preocupante si se considera que el sector del transporte, que representa un tercio del consumo energético nacional, utiliza electricidad apenas en un 1,1%. La falta de metas específicas en los 19 instrumentos de política pública revisados agrava esta situación.
A pesar de los avances significativos en la producción de electricidad renovable, que en 2025 alcanzó el 65,6% de la generación total, esta proporción no se refleja en el consumo energético del país. Actualmente, la electricidad solo representa el 22,3% del consumo final, una cifra equiparable al promedio mundial, mientras que el 15,5% de la energía utilizada en Chile proviene de fuentes renovables. El director ejecutivo de Uno Punto Cinco, Benjamín Carvajal, enfatiza que “Chile no tiene un problema de oferta de energía limpia. Tiene un problema de demanda que la use”, lo que subraya la necesidad urgente de transformar la manera en que se consume la energía en el país.
El avance en la electrificación ha sido notablemente lento. Entre 2010 y 2024, la tasa de electrificación apenas aumentó de 20,4% a 22,3%, lo que implica un aumento de menos de dos puntos en catorce años. Para cada unidad de electricidad que el consumo nacional incorporó, se sumaron 2,6 unidades de combustibles fósiles. Esta tendencia crítica pone en duda la posibilidad de alcanzar la meta internacional del 35% de electrificación para 2035, ya que ni el escenario más optimista planteado por la Planificación Energética de Largo Plazo supera el 26%. Las cifras revelan que el transporte sigue dependiendo casi por completo de combustibles fósiles, lo que expone una brecha que debe ser atendida urgentemente.
La contaminación ambiental y sus consecuencias son parte del reto que enfrenta la electrificación en Chile. Con cerca del 98% del petróleo importado, el 80% del gas y la total dependencia del carbón externo, la factura de insumos energéticos podría alcanzar los US$12.295 millones para 2025. Esta situación se agrava por los efectos nocivos para la salud pública, ya que la contaminación, en parte proveniente de la leña y del transporte urbano, se asocia a cerca de 4.800 muertes prematuras al año. La utilización de tecnologías eléctricas eficientes, como las bombas de calor, que pueden ser entre tres y cuatro veces más efectivas que las calderas de gas, se presenta como una opción viable para abordar este importante desafío.
No obstante, hay sectores donde la electrificación ha logrado avances significativos. Por ejemplo, la minería ha visto aumentar su tasa de electrificación de 40% a 46,3% entre 2010 y 2024, un crecimiento que eclipsa el de otras industrias y edificaciones. Esto evidencia que el cambio es factible, aunque su ritmo depende de las circunstancias y necesidades específicas de cada sector. “Chile ya hizo la parte difícil, que era construir una matriz eléctrica mayoritariamente renovable”, concluye Carvajal, instando a que la electrificación no siga ocurriendo por inercia, sino que sea una decisión estratégica frente a los retos presentes y futuros.




