Shell ha iniciado formalmente el proceso de licitación para los servicios de perforación de su ambicioso proyecto de gas costa afuera, conocido como Dragón, ubicado en el oriente de Venezuela. Según informes de fuentes cercanas al proyecto, la compañía está planificando perforar cuatro pozos a partir del segundo trimestre de 2027. Se espera que el contrato para estos servicios sea adjudicado a finales de septiembre, aunque su efectividad dependerá de la aprobación de una decisión final de inversión positiva. Este desarrollo marca un paso significativo para Shell, dado que el proyecto había enfrentado múltiples retrasos motivados por el contexto político y económico en Venezuela, asediado por años de sanciones internacionales.
El proyecto Dragón no es solo importante para Shell, sino que también se considera fundamental para la economía de Venezuela y su capacidad para exportar gas. Localizado en aguas cercanas a la frontera marítima con Trinidad y Tobago, se prevé que se convierta en el segundo proyecto de desarrollo de gas costa afuera en el país miembro de la OPEC. Este avance podría ayudar a aliviar la creciente escasez de gas en Trinidad y Tobago, donde la producción ha disminuido drásticamente, impactando negativamente las operaciones de diversas plantas petroquímicas y de gas natural licuado.
La situación del proyecto ha estado profundamente influida por cambios en la política estadounidense hacia Venezuela. Durante la administración del expresidente Donald Trump, se revocaron licencias otorgadas previamente, lo que detuvo los avances en el proyecto Dragón. Sin embargo, después de la destitución de Nicolás Maduro a principios de 2026, Washington emitió nuevas autorizaciones que han permitido a Shell y a su socio, la Compañía Nacional de Gas (NGC), reanudar los planes de desarrollo del campo de gas. A pesar de estos cambios, tanto Shell como el Ministerio de Hidrocarburos de Venezuela no han comentado oficialmente sobre los últimos avances en el proyecto.
El gas que se extraerá del proyecto Dragón se destinará mayoritariamente a Trinidad, con aproximadamente el 70% de la producción dirigida a la planta de exportación de Atlantic LNG, mientras que el 30% se transferirá al sector petroquímico del país. Este plan es clave para revitalizar la producción nacional de gas en Trinidad, que ha estado operando muy por debajo de su capacidad debido a una reducción alarmante en la oferta de gas. La paralización de varias plantas de amoníaco y metanol, así como una de las instalaciones de licuefacción de Atlantic LNG, ha resaltado la urgencia de reposicionar las fuentes de gas en la región.
Finalmente, Shell ha manifestado que el proyecto Dragón podría ser una solución efectiva para reabastecer los suministros de Atlantic LNG, donde Shell y BP poseen cada una un 45% de participación, mientras que la Compañía Nacional de Gas de Trinidad tiene el resto. El año pasado, Shell realizó un estudio marino que le permitió identificar las mejores ubicaciones para la perforación, así como la ruta del gasoducto necesario para conectar el nuevo campo con el sistema de distribución. Con una licencia otorgada por Venezuela que abarca 30 años y la posibilidad de iniciar la producción en tres años, Dragón representa no solo un avance para Shell, sino un potencial resurgimiento para la industria gasífera en Venezuela y Trinidad.




