Este viernes 1 de agosto comenzará a regir un nuevo arancel impuesto por el gobierno del presidente Donald Trump a las importaciones de cobre que entren a Estados Unidos. Esta medida es parte de la estrategia del gobierno norteamericano en el contexto de la guerra comercial con China, y busca fomentar el crecimiento económico interno. A pesar de que se habían establecido tasas arancelarias para otros productos provenientes de varios países, el arancel para el cobre fue definido de manera tardía, fijándose finalmente en un 50% de sobretasa a la importación del metal rojo.
La controversia sobre el impacto de esta decisión en Chile, el mayor productor de cobre a nivel mundial, es inminente. Estados Unidos se posiciona como el segundo mayor importador de cobre chileno, después de China, con una participación cercana al 11% del total de las exportaciones. La necesidad que tiene la industria estadounidense de este recurso hace que las consecuencias de los aranceles generen un debate importante entre economistas y autoridades del sector.
Juan Nagel, economista de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes, asegura que aunque esta medida podría parecer alarmante, el impacto en las exportaciones chilenas hacia Estados Unidos no será inmediato. Según su análisis, el arancel afecta a diferentes países que también exportan productos que compiten con los chilenos. Por ejemplo, la palta chilena compite directamente con la palta mexicana en el mercado estadounidense, lo que podría resultar en un proceso de ajustes más complejo en el ámbito comercial.
Nagel añade que, especialmente en el sector del cobre, la situación será diferente. “La necesidad que tiene Estados Unidos de cobre es considerable y no tiene opciones viables que puedan sustituirlo a corto y mediano plazo”, señala. En este sentido, enfatiza que el impacto negativo recaerá principalmente en los consumidores estadounidenses, quienes afrontarán un alza en los precios debido al arancel aplicado a las importaciones de este metal esencial para diversas industrias, incluida la construcción.
Así, la decisión de la administración Trump parece estar más orientada a afectar la economía interna que a desincentivar directamente las exportaciones chilenas. Con el arancel del 50%, el consumidor estadounidense deberá asumir un costo más elevado, mientras que Chile, a pesar de ser un jugador crucial en la producción de cobre, tiene la oportunidad de seguir sosteniendo sus exportaciones en un mercado que continua necesitando su metal rojo. Se espera que, a medida que avancen los días, se pueda tener una visión más clara respecto a las implicancias de este nuevo marco arancelario.




