Lo que muchos anticipaban finalmente ocurrió: las 21 empresas que adquirieron las bases de licitación decidieron no postular a la concesión para la construcción del embalse Punilla, dejando en el aire un proyecto que lleva casi un siglo en el tintero. Las razones de esta falta de interés no han sido esclarecidas públicamente, aunque se especula que podrían estar relacionadas con obstáculos de viabilidad técnica, consideraciones económicas desfavorables, problemas ambientales o aspectos legales complicados. Esta serie de eventos ha alimentado un sentimiento de incertidumbre entre las comunidades que dependen de este vital recurso y que han seguido de cerca la evolución del proyecto.
Históricamente, el embalse Punilla ha estado marcado por la ineficiencia en su avance. Desde que la primera licitación fue adjudicada en 2016 a la empresa Astaldi, el proyecto ha enfrentado numerosos reveses, comenzando con el abandono de la obra en 2021 debido a inconsistencias en los cálculos. Esta situación resultó en una indemnización de 18 millones de dólares por parte del Estado a la compañía, un golpe no sólo económico sino también un testimonio de las dificultades que ha enfrentado el desarrollo del embalse. Entre 2021 y 2025, los intentos de licitación han fracasado, perjudicando la confianza y generando descontento entre los ciudadanos que aún esperan una solución.
El panorama ha llevado a un desgaste notable en las comunidades involucradas, cuyos miembros se sienten cada vez más excluidos de un proceso que debería tener en cuenta sus necesidades y aspiraciones. La falta de comprensión generalizada sobre la importancia del embalse también ha perpetuado la sensación de desconexión entre las autoridades y los ciudadanos. En respuesta a esta situación caótica, el 23 de junio de este año, el Consejo de Ministros de la Comisión Nacional de Riego (CNR) tomó la decisión unánime de reactivar el proceso de construcción del embalse, ahora denominado Nueva La Punilla, a través del D.F.L. 1123, un paso que muchos consideran necesario y que debió haberse tomado hace ya tiempo.
El nuevo decreto tiene como cometido no solo la regulación de la construcción y administración de obras de riego, sino que busca fomentar de manera integral el uso del agua en el país. El embalse Nueva La Punilla se ha delineado como un proyecto multipropósito que, más allá del riego, contempla el abastecimiento de agua para consumo humano, control de crecidas y la promoción de actividades turísticas y deportivas, entre otros beneficios. Sin embargo, la complejidad de su implementación requiere una reevaluación exhaustiva de cada uno de sus componentes, garantizando que se tomen en cuenta los aspectos tanto positivos como negativos.
Para avanzar de manera efectiva, es crucial que el enfoque del proyecto esté centrado en el bien común. Establecer un balance entre las exigencias de las comunidades y las necesidades del desarrollo sostenible es imperativo. Involucrar a actores clave —como terratenientes, expertos en medio ambiente, y representantes de la comunidad— se convierte en una necesidad urgente. Un cambio de rumbo es esencial para definir una hoja de ruta clara en un lapso de dos años, con un consejo regional permanente que guíe la iniciativa. La participación activa y comprometida de las autoridades, más allá de los ciclos electorales, y la incorporación de las voces de las comunidades son pasos fundamentales para asegurar que el ambicioso proyecto de Nueva La Punilla se convierta finalmente en una realidad.




