En el cambiante panorama financiero chileno, los traspasos de inversiones entre empresas han dejado de ser un procedimiento interno poco visible. Durante años, este proceso —que incluye acciones, fondos, activos y préstamos internos— se gestionaba con hojas de cálculo y buena voluntad. Sin embargo, la aparición del Servicio de Impuestos Internos (SII) con su tecnología de cruce de información ha transformado radicalmente este ámbito. Cada movimiento entre sociedades chilenas se ha convertido en objeto de un intenso escrutinio por parte del SII, que busca detectar irregularidades en un sistema cada vez más complejo.
La estructura de las empresas chilenas, con su entramado de sociedades interconectadas y sus constantes fusiones y reorganizaciones, presenta un desafío que ha sido objeto de estudios matemáticos. El SII ha reaccionado a esta realidad creando herramientas como el Registro Electrónico de Inversiones en el Extranjero. Estas medidas permiten un seguimiento detallado de las inversiones, asegurando que cada traspaso sea rastreable desde su origen hasta sus repercusiones fiscales. En este contexto, Valentina Ulloa, CEO de Taxcode, enfatiza que un registro adecuado es indispensable para evitar problemas tributarios costosos.
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan las empresas es la falta de un Kardex tributario consolidado. Muchos todavía optan por llevar un registro fragmentado de sus inversiones, dividido por año, tipo de activo o sociedad. Esta falta de centralización puede resultar en confusiones y en la pérdida de documentos cruciales, especialmente durante reorganizaciones urgentes. Cuando el SII solicita información sobre la fundamentación fiscal de una transacción posterior, es común que no se pueda establecer un hilo conductor claro debido a la falta de documentación organizada.
La tecnología ha comenzado a ofrecer soluciones a este problema al permitir la automatización del registro de inversiones. Esta transformación no solo agiliza el proceso, pasando de semanas de trabajo manual a minutos de operación eficiente, sino que también minimiza el margen de error humano. Un registro automatizado asegura que todos los elementos —contratos, contabilidad y fiscalización— cuenten una narrativa uniforme que facilita cualquier auditoría o revisión por parte del SII. Esto representa un cambio significativo en la relación entre las empresas y la autoridad tributaria, donde el diálogo se basa más en la revisión de criterios que en la veracidad de los datos presentados.
A pesar de que algunos consideran la implementación de estos sistemas como un gasto adicional, Ulloa sostiene que se trata de una inversión esencial en el entorno actual, caracterizado por regulaciones cada vez más estrictas. La pregunta crucial para las empresas ya no es si deberían invertir en mantener un registro ordenado y transparente, sino cuántos riesgos están dispuestas a asumir al enfrentar una auditoría. En un clima donde la trazabilidad es clave, la solidez de un registro consolidado de inversiones puede ser la diferencia entre una revisión sencilla y años de disputas legales.




