El Día Mundial de la Eficiencia Energética nos brinda una oportunidad invaluable para reflexionar sobre el uso que hacemos de la energía, un aspecto a menudo opaco en nuestras vidas cotidianas. En un mundo donde la preocupación por el cambio climático se vuelve cada vez más urgente, la eficiencia energética emerge como un mecanismo clave para mitigar emisiones, aumentar la competitividad y garantizar la seguridad energética. En este contexto global, la implementación de normas técnicas internacionales y nacionales, lideradas por la Comisión Electrotécnica Internacional (IEC) y la Corporación Chilena de Normalización Electrotécnica (CORNELEC), se convierte en un pilar fundamental para guiar nuestros esfuerzos hacia un desarrollo sostenible.
Las normas técnicas no son meramente documentos administrativos; son herramientas concretas que pueden hacer medible y verificable la eficiencia energética. En este sentido, juegan un papel esencial para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) planteados por las Naciones Unidas. En particular, al impulsar el ODS 7, que busca garantizar el acceso universal a servicios energéticos asequibles y modernos, las normas fomentan que las tecnologías eficientes sean más accesibles y seguras para la población. Así, este marco normativo contribuye a un futuro donde la energía limpia y sostenible es la norma, no la excepción.
En Chile, la creciente relevancia de la eficiencia energética está ejemplificada en la promulgación de la Ley de Eficiencia Energética y en las políticas establecidas por el Ministerio de Energía. A través de regulaciones de instalación como los Reglamentos de Instalaciones de Consumo (RIC), no solo se busca asegurar la calidad y seguridad de las instalaciones eléctricas, sino también integrar un enfoque orientado al desempeño energético. Este cambio de paradigma se traduce en considerar aspectos como medición, control, electromovilidad y generación distribuida, elementos que son cruciales para una gestión energética efectiva en el futuro.
CORNELEC tiene un papel decisivo en este proceso, al asumir la responsabilidad de adaptar los estándares internacionales a las especificidades del contexto chileno. La experiencia internacional respalda la idea de que los países que adoptan normas técnicas avanzadas y alineadas con la IEC experimentan una reducción en las pérdidas energéticas y costos operacionales, además de mejoras en la calidad y seguridad de sus infraestructuras eléctricas. Este enfoque no solo fomenta la adopción de nuevas tecnologías, sino que también contribuye a consolidar la competitividad nacional e iniciar una transición energética eficaz.
Celebrando el Día Mundial de la Eficiencia Energética, debemos afirmarnos en la convicción de que la eficiencia no es un resultado del azar, sino un proceso que requiere diseño, regulación, medición y verificación. La normalización técnica se presenta, así, como el cimiento para avanzar hacia un sistema energético que sea seguro, competitivo y sostenible en Chile. Frente a los desafíos del futuro, es imprescindible que continuemos coordinando esfuerzos y estableciendo visiones estratégicas que nos permitan construir un entorno energético limpio y eficiente, beneficiando no solo a la economía, sino también al bienestar de la sociedad en su conjunto.




