La principal vulnerabilidad del sistema eléctrico de Chiloé no pasa por la falta de energía, sino por la falta de respaldo. La isla hoy depende de una sola línea de transmisión que cruza el Canal de Chacao. El proyecto de Transelec apunta a resolver esa fragilidad.
En transmisión, los trabajos de mantenimiento son obligatorios y estrictos. Inspecciones, renovaciones de componentes y trabajos preventivos para adelantarse a emergencias aseguran el correcto funcionamiento del sistema, pero pueden requerir de interrupciones del servicio de manera planificada.
Sin embargo, el problema aparece cuando un territorio completo depende de un solo corredor eléctrico. Cualquier mantención, contingencia o incidente en ese único enlace puede convertirse en un corte generalizado.
Transelec, la mayor empresa transmisora del país, describe que, actualmente en la isla de Chiloé, el suministro proviene de una única línea que cruza el canal, sin redundancia (N-1), lo que hace que mantenciones o contingencias puedan afectar a todos los habitantes de la isla. El proyecto Tineo-Nueva Ancud podrá corregir ello.
¿Cuál es la principal vulnerabilidad del sistema?
Según Transelec, la situación actual del sistema aún vigente en la zona se resume en tres factores técnicos:
- Dependencia de una sola línea de transmisión para abastecer a la isla, sin respaldo ni redundancia N-1, lo que deja al sistema expuesto ante fallas o mantenciones.
- Envejecimiento y riesgo de saturación, ya que la línea existente tiene más de 20 años, la que podría comenzar a saturarse en los próximos años si no se refuerza el sistema.
- Bajo margen para autonomía, ya que la isla no tendría capacidad para autoabastecerse por sí sola porque parte de la generación local (por ejemplo, eólica) es variable.
El proyecto, tal como lo describe Transelec, consiste en una nueva línea de alta tensión que conectará las subestaciones Tineo y Nueva Ancud (con aproximadamente 95 km y 251 torres, cruzando seis comunas de la región).
¿Qué corrige el proyecto?
Así, el proyecto Tineo-Nueva Ancud corrige aquel problema. Con dos rutas (la existente y la nueva), se puede sacar una línea de servicio para trabajos programados manteniendo el abastecimiento por la otra, en lugar de exponer a la isla completa a una interrupción.
Esto es exactamente lo que habilita el criterio N-1 en transmisión: tolerar la salida de un elemento sin perder el suministro a gran escala.
Además, reduce el riesgo ante fallas: si el enlace principal sufre una contingencia, la línea de respaldo permite aislar la situación y recuperar el suministro con mayor rapidez y menos impacto territorial.
Finalmente, aumenta el margen operativo para emergencias. Ante un evento mayor como daños en la infraestructura de transmisión, disponer de alternativas de alimentación da flexibilidad para reorganizar flujos, priorizar consumos críticos y estabilizar la reposición.
El proyecto Tineo-Nueva Ancud no se justifica sólo como una nueva obra de transmisión. Según la empresa, es también una respuesta técnica a una fragilidad histórica del sistema eléctrico de Chiloé, como es depender de una única entrada desde el continente.
Cuando esa condición existe, cualquier mantención relevante o contingencia deja de ser un evento gestionable.
Con una segunda línea, el sistema gana margen operativo, algo clave para la continuidad del servicio. Ese margen permite programar mantenimientos con menor exposición, recuperar suministro con más alternativas ante inconvenientes y enfrentar eventos climáticos o incidentes críticos con una red más resiliente.
En un territorio insular, la logística de reparación no siempre es inmediata y la generación local tiene límites, por lo que el respaldo pasa a ser un elemento fundamental del sistema.
Mirado desde el día a día, el beneficio es simple: menos probabilidades de que un problema puntual termine afectando a toda la isla. Desde la operación del sistema, un Chiloé mejor conectado, con mayor redundancia, capaz de sostener su crecimiento y responder con más fortaleza cuando cualquier evento ponga a prueba la red.




