El 13 de abril de 2026, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, hizo un anuncio trascendental en el contexto bélico del país. Por primera vez en la historia moderna, una posición militar rusa fue capturada sin la intervención directa de soldados ucranianos. Esta innovadora operación fue llevada a cabo por drones FPV (First Person View), conocidos por su capacidad kamikaze, y vehículos terrestres no tripulados, UGV (Unmanned Ground Vehicles), todos desarrollados en suelo ucraniano. Entre estas máquinas destaca el TerMIT, un robusto vehículo oruga que transporta hasta 300 kilos y está equipado con una ametralladora Browning, y el Zmiy, un blindado que gracias a su inteligencia artificial puede detectar y rastrear objetivos con alta efectividad. Esta nueva forma de guerra tecnológica demostró ser más que efectiva, llevando a la rendición de soldados rusos atrincherados sin un solo soldado ucraniano en combate.
La naturaleza de la guerra es inmutable; siempre será un acto político cargado de violencia y marcado por la fricción y la incertidumbre. Sin embargo, el carácter de la guerra está experimentando una transformación radical. Lo que está ocurriendo en Ucrania hoy puede compararse con la llegada del primer tanque en la Primera Guerra Mundial. En el primer trimestre de 2026, los UGV ucranianos han llevado a cabo más de 22.000 misiones en el frente. A medida que los costos de los equipos de guerra se disparan —un drone FPV cuesta aproximadamente US$500, mientras que un tanque T-90 vale alrededor de US$2,5 millones—, la estrategia de Ucrania se aleja de la movilización masiva de soldados hacia la utilización de drones y vehículos no tripulados, operando actualmente en frentes donde anteriormente se requerían cientos de soldados.
En este nuevo paradigma de la guerra, los vehículos no tripulados no son un reemplazo directo de los soldados, sino que sirven para reducir los riesgos que estos enfrentan y amplificar sus capacidades en combate. Sin embargo, se enfrenta a dilemas éticos y técnicos significativos, especialmente en lo que respecta a la autonomía de estas máquinas en el campo de batalla. Ante la negativa de empresas como Anthropic de permitir que sus modelos de inteligencia artificial operen armas autónomas, surge la necesidad de establecer regulaciones claras al respecto. Este tipo de armamento todavía no puede actuar completamente por su cuenta, pero el temor a que en un futuro ello cambie sigue presente, creando un debate sobre las implicaciones de dejar que máquinas tomen decisiones sobre la vida o la muerte.
A medida que las potencias mundiales enfrentan nuevos escenarios bélicos, la posibilidad de que no se envíen más tropas a conflictos tradicionales se hace más evidente. El caso entre Israel/EEUU e Irán muestra una guerra moderna caracterizada por misiles, drones y bombardeos de precisión, donde la presencia de soldados en terreno enemigo es cada vez más improbable. La capacidad de disuasión de un país ahora se medirá por su capacidad industrial en drones, robots y armamento avanzado impulsado por inteligencia artificial. El cambio en la estrategia militar no implica simplemente un reemplazo de efectivos, sino un ajuste drástico en el paradigma de cómo se lleva a cabo la guerra.
En el contexto de América del Sur, Chile debe aprender de estas innovaciones bélicas. En los últimos cuatro años, Ucrania transformó su inexistente sector militar en un líder mundial en drones y vehículos no tripulados, gracias a un enfoque en startups, universidades y la financiación de empresarios que impulsaron el desarrollo industrial. Chile, con sus recursos críticos, ingenieros calificados y una incipiente industria tecnológica, está dando pasos en la dirección correcta. Un ejemplo de este avance es la reciente presentación de un prototipo de UGV blindado 6×6 con inteligencia artificial por parte de FAMAE en la feria FIDAE 2026. Sin embargo, es necesario un aumento significativo en la inversión y en la visión estratégica para modernizar el sistema de defensa del país y asegurar la soberanía tecnológica en sistemas no tripulados.




