El desafío de aplicar el acuerdo de escazú a la transición energética en Chile

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Paola Basaure acuerdo de escazu

Los desafíos de hoy son la materia prima para los cambios del futuro. Así lo plantea Paola Basaure, ejecutiva pionera en sostenibilidad, que hoy lidera un proceso de transformación en Transelec.

El cambio climático se perfila como uno de los principales desafíos ambientales para las empresas y las comunidades en todo el mundo.

Sin embargo, no sólo el calentamiento global es lo que preocupa a las futuras generaciones, sino también, los estragos que ya se ven a causa de la escasez de agua, la pérdida de biodiversidad y la gestión de residuos.

En esa línea, los esfuerzos para mitigar los efectos que producen los procesos productivos y de desarrollo requieren cada vez mayor atención y un diseño responsable que no sólo cuide y respete la diversidad, sino que también, escuche e integre a las comunidades.

Por ello, diferentes empresas quieren desempeñar un papel más activo en los procesos que involucran tanto a los ciudadanos como al medio ambiente. En nuestro país, compañías como Transelec, líder en proyectos de transmisión de electricidad, ya han comenzado su transición hacia prácticas sostenibles.

La misión de Paola Basaure en Transelec

Al frente de ese proceso está Paola Basaure Barros, Vicepresidenta de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de Transelec. Con más de 20 años de trayectoria ha logrado integrar una serie de prácticas a la par con el desarrollo de lo que requiere hoy una empresa consciente e innovadora, liderando equipos e implementando estrategias que conversan, además, con normativas y programas regionales, como el Acuerdo de Escazú.

Basaure Barros entiende que, para provocar un impacto positivo, es fundamental partir por tener una visión clara y una política coherente con los desafíos que exige el mundo y la comunidad. Comprometidos con dar ese paso, Transelec entiende que políticas como el Acuerdo de Escazú son clave para la industria.

“Este acuerdo enfatiza la protección de los derechos a un ambiente sano y al desarrollo sostenible, y aunque aún no es vinculante, su objetivo es fortalecer las capacidades y la cooperación regional”, explica Paola Basaure.

En Chile, los protocolos u hoja de ruta se establecen en la Política Energética Nacional, que plantea una visión colectiva del futuro energético del país. Este plan, elaborado a través de un proceso participativo, involucró a una amplia gama de personas, visiones y la diversidad territorial del país.

Y justamente de ello trata la importancia de suscribir acuerdos como Escazú y en lo que los expertos coinciden. Sin la integración de las comunidades ni liderazgos que entiendan y escuchen diferentes visiones, suscribir acuerdos y diseñar proyectos se hace cada vez más complejo.

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En ese sentido, uno de los pilares de la filosofía de liderazgo impulsada por Transelec a cargo de Paola Basaure es la gestión de aquellas relaciones y la participación ciudadana. Desde su llegada al cargo, Basaure ha fomentado una serie de cambios con una visión actualizada sobre lo que requieren los acuerdos suscritos y las políticas internas del país.

¿Qué es el Acuerdo de Escazú?

El Acuerdo de Escazú, adoptado el 4 de marzo de 2018 en Escazú, Costa Rica, establece como objetivo asegurar la implementación efectiva en América Latina y el Caribe de los derechos de acceso a la información ambiental, participación pública en la toma de decisiones ambientales y acceso a la justicia en asuntos ambientales.

Este tratado también busca fortalecer las capacidades y la cooperación entre naciones, contribuyendo así al derecho de las generaciones actuales y futuras a vivir en un entorno sano y promover el desarrollo sostenible.

De ahí que los desafíos de garantizar una influencia en las políticas locales de desarrollo, consulta y progreso es altamente relevante y complejo. Con un marcado enfoque en proyectos de participación ciudadana y medio ambiente, Paola Basaure reflexiona sobre cómo este tipo de iniciativas impactan directamente en temáticas tan sensibles como, por ejemplo, la eficiencia energética.

“Comprender la participación ciudadana como parte esencial de las etapas de los proyectos es fundamental para asegurar el éxito de cualquier proyecto. La industria de la energía y la transición a fuentes renovables es una preocupación prioritaria para autoridades y comunidades, por lo que involucrar activamente a las partes asegura sus objetivos y aceptación”, detalla Basaure.

Bajo esa perspectiva, al garantizar la transparencia y la participación pública en los procesos de toma de decisiones, el Acuerdo de Escazú promueve un entorno de operación más predecible y estable.

Las empresas que se adhieren a estos principios pueden mejorar su reputación y relaciones comunitarias, mitigar riesgos legales y de percepción pública, y obtener una licencia social para operar, lo que es crucial en proyectos que tienen un impacto ambiental considerable.

Además, el compromiso con prácticas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente puede abrir nuevas oportunidades de financiamiento y colaboración a nivel internacional, alineándose con los crecientes estándares globales de responsabilidad corporativa y sostenibilidad.

Las implicancias en el proceso de transición energética

En este proceso de transición, a través de las políticas y acuerdos suscritos, el Estado desempeña un papel crucial como coordinador de los compromisos, aspiraciones y retos que existen en torno a la energía, estableciendo objetivos y planificando el desarrollo energético para asegurar el bien común y movilizar a los distintos actores del sector.

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En este contexto, cada cinco años se lleva a cabo una actualización de la política, la cual implica deliberaciones sobre los cambios actuales que experimenta el país y su significado para el futuro. Estos debates se materializan en acuerdos sobre la visión del sector energético y los compromisos para alcanzar la deseada eficiencia energética.

Sin embargo, los desafíos ambientales a los que se enfrenta el Acuerdo y las políticas locales son particularmente relevantes en América Latina. Avanzar en los procesos de descarbonización es un desafío gigante para las naciones, considerando que la mayoría posee reservas de cobre y litio, materias primas fundamentales para la transición energética.

Pero los procesos de transición ya han tensionado a las comunidades y establecido nuevos desafíos cuando se trata de avanzar en industrias sustentables. La extracción de litio, por ejemplo, amenaza los recursos hídricos y pone sobre la mesa nuevamente el concepto de “zonas de sacrificio”.

El rol de los tratados y la voluntad política son fundamentales para que los proyectos puedan llevarse a cabo entendiendo y escuchando a las comunidades junto a actores clave. Desde sus comienzos en el sector público, Paola Basaure ha desempeñado un papel fundamental en el diseño e implementación de prácticas sostenibles tanto en el ámbito corporativo como gubernamental.

Su incorporación a Transelec, protagonistas de la transición energética y con un fuerte enfoque comunitario, fue un movimiento estratégico que buscaba amplificar su impacto a través del liderazgo.

Actualmente, Basaure está liderando una notable transformación hacia operaciones más sostenibles, enfocando sus esfuerzos en la adopción de tecnologías limpias y eficientes, respetando los lineamientos de los acuerdos como Escazú. “Estamos revisando toda nuestra cadena operativa para adaptarnos a infraestructuras preexistentes, lo que representa un desafío considerable”, reconoce Paola sobre los futuros proyectos. Este enfoque realista, pero audaz, destaca su habilidad para manejar las complejidades de la sostenibilidad a gran escala.

Métodos para disminuir el impacto ambiental de los proyectos

medidas ambientales Paola Basaure

Según la Política Nacional y los criterios establecidos para cumplir con el Acuerdo suscrito, se han definido una serie de objetivos y prácticas estándar para avanzar progresivamente a implementar una nueva visión energética para el país.

Los principios se basan en un sistema resiliente y eficiente y una nueva forma de liderar y diseñar políticas públicas. Empresas como Transelec, por ejemplo, se han adelantado a estos puntos y ya implementan en sus proyectos diferentes estrategias apoyando los procesos de descarbonización.

Según explora Basaure, con esto en mente la compañía se ha definido como “la llave para la transición energética”, reforzando su liderazgo en el rubro. Durante el último tiempo, la empresa ha sido fundamental en los proyectos de conectividad de energías limpias al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

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“En 2021, Transelec triplicó la cantidad de energías renovables conectadas a la red en comparación con el año anterior, debido a la integración de nuevos proyectos de generación en diálogo con las comunidades. Esto refleja la rápida expansión de la generación de energía no convencional y subraya la importancia de contar con una infraestructura de transmisión adecuada para utilizar eficazmente esa energía sin impactar negativamente en el medio ambiente ni el entorno”, explica Paola Basaure.

Por eso, el país avanza en diferentes objetivos que buscan impulsar mejores prácticas:

  • Energía sin emisiones: Avanzar hacia un desarrollo sustentable para adelantar la meta de carbono neutralidad del país.
  • Acceso universal y equitativo a la energía: Garantizar servicios energéticos de calidad para todas las personas.
  • Ciudades energéticamente sustentables: Promover ciudades descontaminadas, eficientes y sostenibles.
  • Transporte sustentable: Mejorar los sistemas de transporte para que sean sustentables y sin emisiones.
  • Educación ciudadana en energía: Fomentar la educación y el cambio cultural frente a los desafíos de la transición energética.
  • Desarrollo económico inclusivo: Promover el desarrollo de nuevas industrias locales con potencial exportador de productos y servicios energéticos sostenibles.
  • Más capital humano: Potenciar el desarrollo de conocimientos y formación de capital humano para facilitar la transición energética.
  • Sustentabilidad social y ambiental del desarrollo energético: Transformar la identidad productiva del país, impulsando el compromiso socioambiental del sector.
  • Suministro de energía confiable y de calidad: Construir un sistema energético confiable y resiliente para asegurar la transición.
  • Sistema eléctrico para el empoderamiento de las personas: Empoderar a los usuarios para que tomen decisiones informadas sobre su consumo energético.
  • Políticas públicas participativas: Desarrollar políticas públicas con y para la ciudadanía, promoviendo su participación activa.
  • Inserción equilibrada en los territorios: Integrar la infraestructura energética de forma armoniosa en el desarrollo local, respetando condiciones particulares.
  • Institucionalidad y gobernanza en energía: Fortalecer la institucionalidad y la gobernanza en el sector energético.
  • Interculturalidad y diálogo permanente: Nutrir la política energética con un diálogo intercultural constante.

Estos objetivos reflejan un compromiso con los piletas de la eficiencia, la resiliencia y la participación ciudadana en la política energética del país.

Con una visión que trasciende lo convencional, empresas como Transelec y liderazgos como los de Paola Basaure redefinen las estrategias que buscan impulsar soluciones a las urgencias ambientales y promover la innovación constante.

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