El servicio de energía eléctrica en nuestro país enfrentará un nuevo aumento en sus precios, estimado en un 7.0%, debido principalmente al alza del dólar. Esta decisión, enmarcada dentro del proceso de “descongelamiento tarifario”, implica un retorno a tarifas de mercado tras un periodo de congelamientos implementados por el Ejecutivo, especialmente durante la pandemia. Según David Blanco, Coordinador General de la Red Compromiso con el Desarrollo Sustentable del Consorcio de Universidades del Estado, este incremento en los costos de electricidad modifica significativamente los presupuestos domésticos, por lo que se hace imperativo anticipar estos ajustes en la planificación financiera de los hogares.
El alza no sólo repercute en las tarifas, sino que despierta un amplio debate sobre la resiliencia de la infraestructura eléctrica en el país. Recordemos que en agosto de 2024, un severo temporal dejó a más de 2,5 millones de personas sin electricidad, obligando a las autoridades a multar a varias compañías por deficiencias en la reposición del servicio. A pesar de que el aumento tarifario no necesariamente implica un encarecimiento perpetuo, es crucial que las familias se preparen para manejar el impacto que esto tendrá en sus finanzas, especialmente en un contexto donde la infraestructura eléctrica no ha demostrado ser lo suficientemente robusta ante desastres naturales.
Esto ha llevado a expertos a señalar la necesidad de adoptar un consumo más responsable en el uso de la energía. Según el académico de la UTEM, existen métodos sencillos pero efectivos que pueden ayudar a reducir el consumo eléctrico mensual entre un 10% y 20%. Acciones como desenchufar electrodomésticos que no se utilizan o reemplazar las bombillas tradicionales por luces LED pueden marcar la diferencia en las cuentas de luz. Así, se resalta que no siempre es necesario realizar inversiones elevadas para lograr un ahorro significativo en tarifas eléctricas.
Además, con el incremento de las horas de luz en verano, se recomienda maximizar el uso de la luz natural en los hogares, abriendo cortinas durante el día y sellando ventanas para conservar la temperatura sin recurrir a calefactores eléctricos. Asimismo, se sugiere utilizar los electrodomésticos de manera eficiente, como en el caso de la lavadora, programándola para operar en horarios de menor consumo y garantizando cargas completas. Estos cambios en los hábitos del hogar no solo contribuyen a disminuir el gasto energético, sino que también se pueden realizar sin afectar la comodidad de la vida diaria.
En este contexto, tomar medidas proactivas frente a los altos precios de la energía eléctrica es más que necesario; se convierte en una responsabilidad colectiva. Las familias deben asumir un rol activo en la gestión de su consumo energético, haciendo ajustes que no solo alivien el gasto mensual, sino que también se integren en un esfuerzo mayor hacia un uso más sostenible y consciente de la energía, en un escenario donde el costo de este bien sigue en aumento y la estabilidad de los servicios eléctricos no siempre está garantizada.




