Alfalfa en el desierto: La sorprendente agricultura que triunfa

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Producir alfalfa en una de las zonas más áridas de Chile puede parecer un desafío insuperable, pero en La Tirana, agricultores y ganaderos han demostrado que es posible. A través de un proyecto innovador que abarca 15 hectáreas de cultivo, esta región de la comuna de Pozo Almonte ha logrado establecer un sistema de riego tecnificado que utiliza energía fotovoltaica para alimentar la producción de forraje. Este esfuerzo surge de un convenio entre la Asociación Indígena Aymara Campesina Pampa del Tamarugal, la Corporación Nacional Forestal de Chile (CONAF) y SQM, con el objetivo de proporcionar alimento a la ganadería de la Pampa del Tamarugal. A medida que este proyecto avanza, el interés por la agricultura en el desierto va en aumento, promoviendo un cambio en las prácticas agrícolas en este entorno extremo.

Desde su inicio, el proyecto ha buscado complementar la alimentación del ganado a través de la producción local de alfalfa, máxime cuando los frutos del bosque de tamarugos han disminuido considerablemente. La iniciativa se formó en 2020 con la intención de establecer 30 hectáreas de cultivo, un objetivo que se ha visto respaldado por recursos de agua y financiamiento para infraestructura. En junio de 2026, la continuidad del proyecto fue reafirmada por el Ministerio de Agricultura, confirmando que los agricultores están cosechando alfalfa para sus animales, especialmente ovinos y caprinos. Esta producción no solo proporciona una fuente de forraje esencial, sino que también alivia la presión sobre recursos naturales que son cada vez más limitados en la región.

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La disponibilidad de agua ha sido fundamental en la estrategia agrícola del proyecto. El Instituto Nacional de Investigación Agrícola (INIA) destaca que la alfalfa, a pesar de ser una forrajera valiosa, requiere una cantidad considerable de agua, lo que implica que en un entorno desértico como La Tirana, se deben implementar métodos de cultivo innovadores. En el Centro Productivo de El Carmelo, el agua se transporta directamente a las raíces de las plantas a través de sistemas de riego tecnificado, que han sido vitales para el crecimiento de las primeras 15 hectáreas. Este enfoque ha mostrado un uso eficaz del recurso hídrico, a la par que investigaciones similares en otras zonas del norte del país exploran alternativas como el riego subterráneo.

El tema de la energía es igualmente crítico en este contexto. En El Carmelo, una instalación fotovoltaica de 40 kWp compuesta por 74 paneles solares se encarga de abastecer los sistemas de bombeo y riego, alcanzando un ahorro cercano a los $800.000 mensuales en costos de electricidad. Esta iniciativa ha sido replicada por INDAP en otros sectores para facilitar el riego de cultivos de hortalizas y alfalfa. La conexión entre el agua y la energía es vital, y con el costo de la electricidad en aumento, cualquier mejora en la eficiencia hídrica necesita estar acompañada de soluciones energéticas sustentables, salvaguardando la viabilidad económica de la producción agrícola.

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Finalmente, El Carmelo se ha transformado en un verdadero laboratorio agrícola para pruebas en condiciones desérticas. En marzo de 2026, representantes de Sugal Group se trasladaron al centro para aprender sobre las experiencias locales y compartir conocimientos sobre la agricultura en entornos extremos. La colaboración de SQM con las comunidades de Pozo Almonte ha permitido la incorporación de tecnologías avanzadas de riego y energía, así como soporte agronómico. Mientras tanto, otras iniciativas en el norte, como la producción de alfalfa Alta Sierra, están dando frutos en áreas que antes parecían inhóspitas para la agricultura. Con el objetivo de expandirse a las 30 hectáreas proyectadas y más allá, El Carmelo representa una prometedora respuesta colectiva a los retos agrícolas del desierto.

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