La reciente implementación de un arancel del 10 % a las exportaciones frutícolas chilenas ha encendido una serie de preocupaciones dentro del sector agroexportador y ha impulsado diálogos urgentes con interlocutores estadounidenses. Desde el 9 de abril de este año, se instauró una pausa de 90 días en la aplicación de este impuesto, generando un periodo de incertidumbre sobre la continuidad de las negociaciones. Las acciones tomadas por el Consejo Agroexportador Agroalimentario de Chile y los ministerios de Hacienda, Relaciones Exteriores y Agricultura evidencian la disposición del país para minimizar el impacto económico de esta medida. Sin embargo, expertos como el economista agrario Jorge González Urbina advierten que la posibilidad de un efecto adverso en la demanda de frutas chilenas está latente y puede ser complicado de calcular.
Las aristas de esta controversia también incluyen el análisis de la elasticidad de la demanda por frutas chilenas en el mercado estadounidense. El consumo de estos productos no solo está determinado por el precio, sino que también es influenciado por factores como los gustos de los consumidores, sus ingresos, y la existencia de sustitutos en el mercado. Esto implica que, aunque se espera una disminución en la demanda debido al alza de precios generada por el arancel, el impacto no será uniforme entre todas las especies frutales. Algunas frutas podrían ver una reducción significativa en sus ventas, mientras que otras podrían mantener su demanda más estable.
El panorama actual para los consumidores estadounidenses, que enfrenten aumentos de precios en productos básicos como huevos, carne y café, no favorece el consumo de fruta chilena que podría llegar al país con precios aún más elevados. Este escenario plantea un desafío adicional para los exportadores chilenos, quienes deberán negociar cómo manejar los posibles aumentos de costos en la cadena de suministro. La forma en que el costo del arancel sea absorbido por los productores, exportadores o el consumidor final dependerá de la elasticidad precio de la demanda. Por lo tanto, es crucial entender cómo los consumidores responderán a un aumento en el precio de la fruta chilena.
En cuanto a la repercusión del arancel sobre las diferentes variedades de fruta exportada a Estados Unidos, es esencial destacar que, aunque todos los productos podrían estar sujetos a un régimen arancelario similar, el impacto variará dependiendo de cada tipo de fruta. Los niveles de exportación, la disponibilidad de productos sustitutos en el mercado estadounidense y la elasticidad de la demanda son factores que determinarán cómo se distribuirá el costo del arancel. Por ejemplo, frutas como los berries pueden experimentar una respuesta más sensible en términos de demanda en comparación con otras variedades que poseen un comportamiento menos elástico.
A medida que el sector agroexportador chileno navega por este periodo de incertidumbre, cinco elementos críticos deben ser considerados. Primero, la vigencia del arancel del 10 % en el marco de una pausa de 90 días que podría influir en la estrategia empresarial. Segundo, la tendencia general de que los productores chilenos asumirán este costo, aunque la realidad podría ser más compleja de lo esperado. Tercero, la elasticidad de la demanda será fundamental para comprender cómo se afectará a los precios finales. Cuarto, es importante reconocer que no se puede dar por hecho que solo los productores asumirán el costo del arancel, ya que toda la cadena de suministro podría verse afectada. Finalmente, la evolución de las negociaciones con EE.UU será clave para definir el futuro de las exportaciones frutícolas chilenas.




