Chile se encuentra inmerso en una de las sequías más prolongadas de su historia, con efectos cada vez más preocupantes sobre su economía y sectores clave. Según Rafael Palacios, director ejecutivo de la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES), el país está actualmente dependiendo de sus reservas hídricas, un enfoque que se considera insostenible a mediano plazo. A pesar de este escenario alarmante, el agua no aparece como prioridad en los programas de los candidatos presidenciales, lo que resalta un desajuste crítico entre la realidad hídrica y las propuestas políticas. En la actualidad, este desinterés político podría agravar aún más la crisis que enfrenta el territorio chileno por la falta de agua.
El agua se ha convertido en un insumo estratégico para Chile, fundamental para el funcionamiento de diversas industrias. Más del 60% de las exportaciones chilenas dependen del uso intensivo del agua, hecho que pone en evidencia la urgencia de desarrollar infraestructura hídrica adecuada, como la desalación y el reúso. Rafael Palacios es categórico al afirmar que “sin agua, cualquier idea de crecimiento económico en Chile es una utopía”. Esto nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de establecer fuentes seguras y constantes de agua si se quiere continuar con el desarrollo económico del país.
A pesar de la importancia del agua para la economía nacional, la burocracia se erige como uno de los principales obstáculos para el avance de proyectos de infraestructura hídrica. Las plantas desaladoras, por ejemplo, pueden enfrentar demoras de hasta diez años debido a complicados procesos de permisos y a una regulación sanitaria que no se ha adaptado al reúso adecuadamente. Aunque se han introducido iniciativas legislativas, como la nueva concesión de regeneración de agua, aún queda un largo camino por recorrer en la revisión del marco normativo y tarifario. La reutilización de aguas servidas también está comenzando a cobrar importancia, pero todavía enfrenta desafíos de financiamiento y certezas legales que deben ser resueltos para que pueda prosperar.
La percepción pública sobre la situación hídrica en Chile es alarmantemente limitada. A pesar de la creciente preocupación por el cambio climático y la sequía, estudios de ACADES indican que el conocimiento sobre desalación y reúso es notablemente bajo. Un 20% de la población no es consciente de que existen plantas desaladoras en el país. Además, existen percepciones erróneas relacionadas con el impacto ambiental de estas tecnologías, a pesar de que no hay evidencia concluyente de efectos negativos en el medio marino. La industria minera, que planea duplicar su uso de fuentes no convencionales de agua para el 2035, enfatiza que se necesitan políticas públicas claras y planificación estratégica para una transición hídrica efectiva.
En conclusión, la crisis hídrica que enfrenta Chile no solo es un problema ambiental, sino también un desafío de desarrollo económico y social. La desconexión entre la política y la realidad hídrica del país debe abordarse con urgencia. La promesa de un futuro más sostenible y competitivo depende de la implementación de soluciones efectivas, como la desalación y el reúso, así como de una regulación que facilite el desarrollo de proyectos clave. Sin una acción decidida y coordinada, muchas regiones de Chile seguirán sufriendo las consecuencias de la falta de agua, lo que podría provocar desaceleraciones económicas y conflictos sociales en un contexto donde el desarrollo y la sustentabilidad deben ir de la mano.




