En Chile, el cambio climático se ha convertido en una realidad innegable que afecta a todos los ciudadanos. Las intensas lluvias que colapsan las infraestructuras y la escasez de agua que recae sobre miles de familias son apenas dos ejemplos de una crisis que ya está dentro de casa. Los datos son alarmantes: el informe de la CEPAL y el Ministerio del Medio Ambiente de 2023 estima que, si se mantiene la inacción, el país podría enfrentar pérdidas económicas que superan los 3.800 millones de dólares anuales para el 2050. Esto incluye sectores vitales como la agricultura, el suministro de agua potable, la infraestructura pública, así como la salud y la energía, lo que pone de manifiesto que el cambio climático es una amenaza inminente que no distingue entre clases sociales o sectores económicos.
El impacto del cambio climático en el agua potable urbana es particularmente grave. Actualmente, esta falta de acción ya ha generado costos anuales que ascienden a más de 229 millones de dólares. Más de 383.000 hogares en zonas rurales dependen aún de camiones aljibe para satisfacer sus necesidades básicas de agua, lo que evidencia la fragilidad de nuestro acceso a este recurso esencial. En el ámbito agrícola, se proponen pérdidas de hasta un 26% en el ingreso neto si no se implementan medidas adaptativas, lo cual podría perjudicar a más de 500.000 familias dedicadas a este sector. La falta de agua también amenaza la producción minera, donde se anticipa que la productividad se reducirá en al menos un 5%.
La crisis climática no solo afecta a la economía, sino que también impacta profundamente en el entorno natural. Cada ecosistema dañado, ya sea un bosque degradado o un humedal seco, reduce nuestra resiliencia ante futuros desastres climáticos. La pérdida de biodiversidad no solo debilita al medio ambiente, sino que también afecta la salud de los ecosistemas que sustentan nuestras comunidades. Por lo tanto, la lucha contra el cambio climático debe ser vista como un esfuerzo colectivo que involucra a todos los sectores de la sociedad, desde los más vulnerables hasta las industrias más poderosas del país.
Afortunadamente, existen soluciones que se están implementando en diferentes partes del mundo y que podrían adaptarse a la realidad chilena. Estrategias como la restauración de ríos urbanos en Medellín y sistemas de drenaje sostenible en Londres demuestran que es posible avanzar hacia la adaptación climática. Las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), como la conservación de bosques nativos, recuperación de suelos y restauración de humedales, no solo son efectivas, sino que también resultan entre 2 y 18 veces más costo-eficientes que las infraestructuras tradicionales, según el World Resources Institute.
La necesidad de mejorar la eficiencia hídrica es apremiante. Reducir pérdidas en las redes urbanas y modernizar sistemas de riego son acciones ineludibles en esta transición. Asimismo, la incorporación de nuevas fuentes de agua, como el reúso, la captación de lluvia y la desalación, debe realizarse con un enfoque sostenible que contemple las particularidades territoriales de cada región. Iniciativas como Escenarios Hídricos 2030 abogan por un diálogo multisectorial que facilite la implementación de propuestas concretas y efectivas para enfrentar esta crisis. Ignorar estas advertencias y no adaptarnos tendría consecuencias desastrosas no solo para las vidas más afectadas, sino para el propio desarrollo del país y la salud de los ecosistemas que son fundamentales para nuestra existencia.




