El Día Mundial del Ahorro de Energía nos invita a reflexionar sobre la importancia de este recurso vital en el desarrollo económico y social de nuestros países. En un contexto donde la urgencia climática se hace cada vez más evidente, surgen interrogantes sobre cómo producimos, consumimos y gestionamos la energía. En Chile, la situación es especialmente crítica, ya que la intensidad energética de la nación supera en un 7% el promedio de los países de la OCDE, según lo establecido en la Ruta Energética 2026-2030. Estas estadísticas no solo revelan la ineficiencia en el uso de recursos, sino que también resaltan la oportunidad de mejorar la competitividad económica mediante la adopción de medidas más sostenibles.
La eficiencia energética se presenta como una de las claves para mejorar la situación actual. No solo se trata de consumir menos energía, sino de optimizar el uso de los recursos existentes, minimizar pérdidas y asegurar que cada unidad de energía utilizada contribuya de manera efectiva al desarrollo productivo con un menor impacto ambiental. Esto es particularmente relevante en un país como Chile, que está dando pasos significativos hacia la integración de energías renovables en su matriz energética. No obstante, transformar la generación de energía es solo el primer paso; es igualmente crucial avanzar en un uso más eficiente y sostenible de la energía en diversos sectores, incluidos la industria, los edificios y las ciudades.
En el ámbito industrial, la transformación hacia la eficiencia energética requiere una revisión profunda de procesos y un análisis de las oportunidades que brinda la digitalización y automatización. La implementación de tecnologías como sistemas de gestión energética, sensores inteligentes, análisis de datos y gemelos digitales puede mejorar notablemente nuestra comprensión del comportamiento de los activos. Al anticipar necesidades y tomar decisiones fundamentadas en datos precisos, las empresas pueden optimizar su consumo energético, incrementar la disponibilidad de equipos, y, a su vez, reducir costos operativos y la huella ambiental.
Sin embargo, aunque la tecnología ofrece herramientas poderosas para la transformación, el verdadero motor del cambio son las personas y las organizaciones. La integración de la sostenibilidad en las decisiones empresariales es fundamental, demostrando que el cuidado del medio ambiente puede ser compatible con la competitividad económica. En Chile, este enfoque no solo puede propiciar un entorno más saludable, sino que también puede impulsar una economía más robusta y resiliente frente a los desafíos del cambio climático.
Chile se encuentra en una posición privilegiada para acelerar la adopción de soluciones que promuevan un uso más eficiente de los recursos energéticos. Este proceso puede contar con la colaboración activa de los sectores público y privado, así como de la academia y los proveedores de tecnología. Juntos, pueden construir una visión a largo plazo que no solo incentive la inversión en infraestructura moderna, sino que también garantice una transición energética que priorice la sostenibilidad y la eficiencia, asegurando así un futuro próspero y respetuoso del entorno.



