Alan Wilson Veas, académico del Centro de Transformación Energética de la Universidad Andrés Bello, destaca la creciente importancia de diversificar la matriz energética en Chile, particularmente ante el contexto del cambio climático. El país se enfrenta a un dilema crítico: la dependencia de las centrales hidroeléctricas y la generación térmica que emite dióxido de carbono se ve amenazada por fenómenos ambientales globales. Como consecuencia, el gobierno chileno ha comenzado a implementar políticas que fomentan el desarrollo de proyectos de energía renovable no convencional (ERNC), como la energía eólica y fotovoltaica. Estas iniciativas buscan no solo diversificar la matriz, sino también robustecer la infraestructura eléctrica a medida que el país se prepara para un futuro más sostenible.
Sin embargo, a pesar de las ventajas geográficas de Chile, especialmente en el norte del país, la generación de energías renovables enfrenta retos significativos. Wilson Veas señala que la variabilidad y estacionalidad inherentes de estas fuentes de energía representan un desafío para el funcionamiento óptimo de la red eléctrica. A diferencia de las plantas térmicas y las hidroeléctricas, que proporcionan inercia de manera natural, las ERNC carecen de esta capacidad, lo que dificulta la estabilidad de la red de corriente alterna. Esta inercia es esencial para equilibrar de manera efectiva la generación y la demanda de electricidad.
Para abordar esta limitación, se plantea la necesidad de integrar sistemas de almacenamiento de energía, como las baterías, junto con tecnología avanzada de conversión y control de potencia. Según Veas, estas innovaciones permitirán a las ERNC no solo generar energía, sino también proporcionar inercia sintética, transformándose así en elementos clave de la estabilidad de la red eléctrica. Este avance es crucial, dado que la capacidad de operar la red de forma continua y segura durante todo el año es una necesidad imperativa que debe ser atendida en la transición energética.
El panorama para una infraestructura eléctrica más resiliente se ve alentado por recientes iniciativas legislativas, como la Ley de Transición Energética, que se promulgó a finales de 2024. Sin embargo, Veas apunta que aún queda un largo camino por recorrer. La modernización y expansión de las redes de transmisión son necesarias no solo para aliviar los cuellos de botella existentes, sino también para asegurar que se pueden operar secciones de la red de manera independiente. Esto permitiría mitigar el riesgo de apagones masivos, situación que el país experimentó en el año 2025.
Finalmente, el académico subraya que la transición hacia una red eléctrica más verde y eficiente requiere inversiones públicas significativas, junto con incentivos regulatorios y de mercado que aseguren que los costos de electricidad no continúen aumentando. Actualmente, Chile enfrenta el desafío de mantenerse competitivo en costos al tiempo que se avanza hacia una red moderna y sostenible. Así, el futuro energético del país depende de la rapidez y efectividad con que se implementen estas transformaciones, un proceso que, en palabras de Veas, será clave para satisfacer las demandas eléctricas de la nación.




