Según cifras alarmantes del Banco Mundial, el 70% del recurso hídrico extraído en todo el planeta se destina a la agricultura, mientras que, a su vez, se desperdician alrededor de 1.050 millones de toneladas de alimentos cada año, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Esta incongruencia entre el uso intensivo del agua y el desperdicio de alimentos resalta la urgente necesidad de adoptar medidas eficaces dentro de la industria alimentaria para frenar esta inquietante realidad. La creciente escasez de agua en el mundo, especialmente en países como Chile, donde el estrés hídrico se ha convertido en una problemática crítica, exige acciones inmediatas y sostenibles desde todos los sectores de la sociedad.
La situación en Chile es particularmente preocupante, ya que, según un informe del World Resources Institute, el país figura entre aquellos que enfrentan el mayor riesgo de estrés hídrico global, con proyecciones que advierten sobre la posibilidad de que se quede sin suministro de agua para el año 2050. Este desafío no se resolverá simplemente con un año de lluvias abundantes, como el pronosticado para 2024. De acuerdo con la Dirección Meteorológica de Chile, hasta el momento en 2025, la acumulación de precipitaciones es de apenas 161,7 mm, lo que representa solo un 56,5% de lo que se considera normal para un año en el país. Esta escasez resalta la urgencia de implementar políticas efectivas para la gestión y conservación del agua.
Además de las implicaciones ambientales y sociales, la escasez hídrica en Chile plantea preocupaciones económicas significativas. Según el informe “Costos Asociados a la Inacción Frente al Cambio Climático en Chile”, elaborado por la Cepal y el Ministerio del Medio Ambiente, si no se toman medidas decisivas para adaptarse a esta crisis, el país podría enfrentar pérdidas económicas anuales que superen los 3.800 millones de dólares para el año 2050. Sectores críticos como la agricultura, el agua potable urbana, la infraestructura pública, la energía y la salud sufrirían un impacto devastador, lo que enfatiza la necesidad de una respuesta coordinada y proactiva ante la crisis del agua.
En el contexto de la Semana Mundial del Agua, es imperativo que se realice un llamado a la acción tanto al Estado como al sector privado y a los ciudadanos en general, para que se comprendan las graves implicaciones del desperdicio de alimentos, un hábito que ya no puede ser tolerado. Es esencial promover políticas públicas que eduquen sobre la reducción del desperdicio desde la producción agrícola hasta el consumo final. Además, es necesario fomentar un mayor compromiso de las empresas para desarrollar e implementar soluciones que aborden este problema y establecer hábitos sostenibles en los hogares que contribuyan a evitar el desperdicio de alimentos.
En conclusión, la interrelación entre la escasez de agua y el desperdicio de alimentos es un reto que demanda atención inmediata y acciones coordinadas. La sostenibilidad del recurso hídrico en Chile y en el mundo depende de la capacidad para redirigir la narrativa en torno a la producción y el consumo alimentario. Es esencial que todos los actores involucrados comprendan la urgencia de estas circunstancias y trabajen juntos en un enfoque integral que priorice la conservación del agua y la reducción del desperdicio alimentario como estrategias clave para asegurar un futuro sostenible.




