Los grandes choques energéticos de 2026 han expuesto, una vez más, los peligros que la dependencia de los combustibles fósiles representa para las economías globales. A medida que el mundo busca alternativas más sostenibles, los mercados de Asia-Pacífico, excluyendo a China, se perfilan como la región de más rápido crecimiento en cuanto a inversión en transición energética. Sin embargo, a pesar de este auge, la realidad es preocupante: las inversiones en energía baja en carbono todavía no superan a las que se destinan al suministro de combustibles fósiles, revelando una clara inercia en las economías locales y en sus estrategias de financiación, que continúan ancladas en modelos tradicionales que priorizan la energía fósil.
El reciente informe de BloombergNEF, titulado ‘Energy Supply Ratios for Investment and Financing in Asia’, destaca la evolución de la inversión energética en ocho economías de la región. El análisis concluye que, para 2024, los bancos en países como Japón y Corea del Sur solo facilitaron 83 centavos en suministro de energía limpia por cada dólar destinado a financiamiento de combustibles fósiles. Si bien esta cifra marca un ascenso desde 2021, sigue estando por detrás del promedio global de 0,89:1. Instituciones financieras como JPMorgan Chase y Citigroup están empezando a adoptar estos ratios, lo que podría mejorar la transparencia para los inversores y crear una referencia útil para ajustar estrategias internas.
A medida que la financiación de combustibles fósiles muestra una tendencia a la baja, las iniciativas de energía baja en carbono experimentan un crecimiento modesto. Entre 2022 y 2024, los bancos de Asia-Pacífico facilitaron aproximadamente 240.000 millones de dólares anuales para el suministro energético. Sin embargo, mientras que la financiación para los combustibles fósiles disminuye, los aumentos en la financiación de proyectos bajos en carbono han sido marginales. Este estancamiento es un recordatorio de que, a pesar de la creciente concienciación sobre la sostenibilidad, el cambio real hacia una economía baja en carbono todavía enfrenta importantes obstáculos estructurales.
El crecimiento de la financiación en el sector de energía baja en carbono ha estado impulsado principalmente por avances en redes eléctricas y almacenamiento energético. En 2024, los bancos comenzaron a ver beneficios en sus operaciones vinculadas a energía eólica y solar, pero se evidenció que los grandes proyectos pueden alterar significativamente el panorama. Por ejemplo, un importante proyecto solar en Filipinas aumentó los volúmenes de financiación baja en carbono en ese país. Por el contrario, bancos de Tailandia e Indonesia registraron caídas en operaciones de combustibles fósiles, evidenciando un cambio gradual hacia la sostenibilidad en el sector financiero de la región.
La aceleración de la inversión en transición energética en Asia-Pacífico fue notable en 2025, con un aumento del 23%, que supera con creces la tasa de crecimiento global del 8%. Sin embargo, aún hay un amplio margen de mejora, ya que la inversión en energía limpia se colocó en solo 1,3 dólares por cada dólar en combustibles fósiles, muy por debajo de Europa, donde la proporción alcanza 3,5:1. En Corea del Sur, la falta de inversión en energía limpia se refleja en un gasto desproporcionado en importaciones de combustibles fósiles. A nivel mundial, se estima que es necesario un índice de inversión de 4:1 para alinear el sector energético con objetivos climáticos viables, lo que implica retos significativos para Asia-Pacífico, que debe aspirar a cifras aún más altas dado su menor nivel de inversión en mercados productores de combustibles fósiles.




