El aumento sostenido en el precio de los combustibles ha generado una preocupación creciente entre las empresas y sistemas de transporte en Chile. Este encarecimiento constante, que afecta de manera directa los costos operacionales, está impulsando a diversos sectores a replantearse sus estrategias y buscar soluciones más eficientes que minimicen la dependencia de los combustibles tradicionales. En este punto, la reconversión eléctrica, también conocida como retrofit, surje como una alternativa viable que se presenta no solo como una solución temporal, sino como una estrategia a largo plazo para una transición energética más sostenible.
Ricardo Repenning, cofundador y gerente de Tecnologías de Reborn Electric Motors, destaca que el aumento del costo operativo por kilómetro hace que la reconversión eléctrica se posicione como una opción favorable para las empresas. Este proceso no solo les permite reducir costos operativos, sino que también acelera la adopción de tecnologías limpias manteniendo la operación constante. “La reconversión permite avanzar en la transición hacia una movilidad más limpia sin necesidad de detener los procesos productivos, reutilizando los activos existentes y prolongando su vida útil”, añadió el especialista.
Uno de los aspectos más destacables del retrofit es su rapidez de implementación. A diferencia de la adquisición de vehículos eléctricos nuevos, que se ve obstaculizada por procesos de importación y la disponibilidad limitada de modelas en el mercado, la reconversión ofrece una implementación más ágil. Las empresas tienen la posibilidad de transformar sus flotas gradualmente, lo que no solo optimiza los costos sino que también asegura que no se paralicen las operaciones, un factor crítico en un entorno donde cada día cuenta para la competitividad del negocio.
El impacto económico de la reconversión eléctrica no puede subestimarse. En un contexto donde los costos energéticos aumentan, reducir la inversión inicial se convierte en un catalizador para la toma de decisiones. Los vehículos reconvertidos presentan un costo menor en comparación con los eléctricos de fábrica, además de contribuir a la sostenibilidad al evitar generación de residuos industriales, ya que se reutiliza la estructura ya existente. Asimismo, al ser una tecnología local, el soporte técnico se vuelve más accesible, eliminando la dependencia de largas cadenas de suministro internacionales.
Finalmente, el marco normativo recientemente habilitado para la reconversión en Chile representa un avance significativo en la regulación de esta tecnología. Repenning enfatiza que esta no solo es una respuesta a la crisis actual por el aumento de combustibles, sino que abre la puerta a una transformación estructural en la industria del transporte. Este cambio hacia la reconversión eléctrica se proyecta como una herramienta escalable que puede beneficiar a diversos sectores productivos, mejorando la eficiencia operativa y promoviendo el desarrollo sostenible a nivel local. Así, Chile se posiciona en la vanguardia de un movimiento hacia un sistema de transporte más limpio y eficiente.




