Fernando Yáñez, presidente de Denaria Chile, ha destacado en recientes intervenciones la necesidad urgente de revisar las políticas de pago en efectivo en el país, especialmente a la luz de los recientes hallazgos de la revista The Economist. En un contexto global donde Europa ha decidido reafirmar el uso del dinero en efectivo, la postura de Chile debe ser igualmente proactiva. La decisión de los 27 países de la Unión Europea de prohibir el rechazo de billetes y monedas refuerza un compromiso con la inclusión económica y la accesibilidad, valores que deben ser prioritarios en la agenda chilena.
El artículo de The Economist subraya una tendencia que, aunque puede parecer contraintuitiva, responde a una realidad demográfica crítica. Muchas personas mayores, quienes tienen menos familiaridad con las herramientas digitales, continúan dependiendo del efectivo para gestionar sus finanzas. Yáñez señala que en Chile, donde un significativo número de ciudadanos enfrenta barreras para acceder a servicios bancarios, la existencia de un sistema robusto que incluya la disponibilidad del dinero físico es vital para asegurar que nadie quede excluido del sistema económico.
El fenómeno de los cortes de electricidad, como el que afectó a gran parte de Chile en febrero del año pasado, pone de relieve otra razón crucial para mantener el efectivo en circulación. Durante esa crisis, miles de chilenos se encontraron en la imposibilidad de realizar transacciones electrónicas, dejando el dinero en efectivo como la única opción viable. Yáñez enfatiza que la resiliencia financiera de un país no puede depender únicamente de la tecnología, ya que cualquier interrupción puede tener consecuencias graves para las economías de los ciudadanos.
Además, la dimensión geopolítica de la discusión sobre dinero en efectivo no puede ser ignorada. Con el aumento de preocupaciones sobre seguridad cibernética y ataques a infraestructuras críticas, tener acceso a efectivo se convierte en un recurso esencial en situaciones de emergencia. Yáñez sostiene que para Chile, la adopción de políticas similares a las de Europa podría ayudar a crear un sistema más sólido y resistible, capaz de enfrentar desafíos tanto internos como externos que amenazan la estabilidad económica.
Finalmente, Yáñez concluye que la inclusión del efectivo en las economías modernas no debe ser vista como un retroceso, sino como una medida de precaución esencial. Garantizar el derecho a usar dinero físico y que este no sea rechazado en comercios podría ser una lección valiosa para Chile. En tiempos cada vez más inciertos, el efectivo se erige no solo como un medio de intercambio, sino como un símbolo de seguridad y continuidad operativa para todos los ciudadanos.




