En un contexto global caracterizado por la incertidumbre geopolítica, la creciente demanda de energía y las restricciones en infraestructura, el Consejo Mundial de la Energía (WEC) ha presentado su Monitor de Problemas Energéticos Mundial 2026. Este informe destaca una transformación fundamental en la transición energética: la necesidad de avanzar no solo con rapidez, sino también con coherencia, capacidad real de ejecución y legitimidad social. Los hallazgos se basan en la perspectiva de más de 2,750 líderes energéticos provenientes de 110 países, y subrayan que la paz y la estabilidad se han convertido en las principales incertidumbres globales, evidenciando la interrelación cada vez más estrecha entre la energía y los factores políticos, económicos y sociales. En este escenario, se observa que los sistemas energéticos están en plena evolución, lo que provoca tensiones en las redes eléctricas, precios y la seguridad del suministro.
El informe del WEC establece un giro paradigmático al situar el énfasis no en los compromisos, sino en la implementación efectiva de proyectos energéticos. La capacidad de las redes de energía, la planificación de infraestructura, la obtención de permisos y la disponibilidad de capital humano se han vuelto cruciales para definir la velocidad de esta transición. En un mundo donde la demanda energética sigue en ascenso, impulsada por elementos como la digitalización y la electrificación, el desafío radica en mantener un equilibrio entre la seguridad, asequibilidad y sostenibilidad energética. Este equilibrio es lo que el WEC se refiere como el “Trilema Energético”, un concepto que exige atención a las tres dimensiones de la energía para un futuro viable.
El caso de Chile se presenta como un ejemplo de oportunidades y tensiones en la transición energética. Claudio Seebach, presidente del WEC para Latinoamérica y El Caribe, enfatiza la importancia de transiciones energéticas que se adapten a las necesidades sociales actuales, sin comprometer el bienestar de las futuras generaciones. La explosión de la energía solar en Chile ilustra tanto el potencial como los retos, ya que condiciones como el ciclo día-noche demandan soluciones de almacenamiento para maximizar la eficiencia. Para lograrlo, Seebach resalta la necesidad de un marco regulatorio claro y confiable que permita al mercado movilizar inversiones y fomentar la innovación, dejando el rol del Estado a la coordinación y establecimiento de reglas que internalicen las externalidades del sector.
Desde la perspectiva de innovación energética, Alexander Worner, de Copec Wind Garage, argumenta que es esencial un cambio de enfoque que enfatice la gestión inteligente y el almacenamiento de energía, en vez de centrarse únicamente en la inversión en activos físicos. La optimización de las instalaciones actuales con tecnologías como Dynamic Line Rating (DLR) puede expandir la capacidad de transmisión sin requerir infraestructuras adicionales, pero esto depende enormemente de un marco regulatorio estable y claro. Aunque Chile ha avanzado al promover el pago por potencia en almacenamiento a gran escala, se necesita un impulso adicional para gestionar de manera efectiva el mercado detrás del contador, fomentando así demandas activas y rentables en viviendas e industrias.
No obstante, el informe advierte sobre señales de alerta que ya están afectando a América Latina. La congestión en las redes eléctricas y el vertimiento de energías renovables reflejan la falta de infraestructura que crezca al ritmo de la generación. Además, el aumento de costos debido a la falta de sincronización en los sistemas, sumado a una creciente presión social y desconfianza ciudadana, dificulta la realización de nuevos proyectos energéticos. Sin embargo, este panorama también presenta oportunidades significativas, ya que el aumento de inversión en infraestructuras y los avances en sistemas con alta generación de energías renovables ilustran el camino hacia transiciones más resilientes y eficientes, tanto en Brasil como en otras naciones de la región. Por último, el Monitor de Problemas 2026 hace un llamado a liderar la transición energética con realismo y coherencia, subrayando la necesidad de una acción pragmática que no solo dependa de la tecnología, sino que también garantice estabilidad y confianza entre las comunidades.




