El reciente informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) presentado en la COP30 destaca la urgente necesidad de que Sudamérica acelere su transición hacia energías limpias. La región posee un potencial renovable sin igual, pero avanza a un ritmo preocupante. Con una inversión estimada en 500 mil millones de dólares anuales requeridos hasta 2050 para cumplir sus compromisos climáticos, en 2024 solo captó un 2,5% de la inversión global en transición, equivalente a 58 mil millones de dólares. Esta significativa brecha financiera representa no solo un desafío económico sino también una cuenta regresiva para el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París, poniendo en riesgo el futuro energético del continente.
Pese a este panorama desalentador, hay ejemplos de liderazgo y avances notables en la región. Chile se destaca como pionero, anunciando su plan de retiro progresivo del carbón y comprometiéndose a una matriz eléctrica 100% libre de emisiones para 2050. Sin embargo, su gran desafío no radica en la generación de energía, ya que cuenta con recursos solares y eólicos de clase mundial. El verdadero obstáculo es la infraestructura necesaria para distribuir esta energía limpia de manera eficaz a hogares, industrias y mercados. La congestión en las líneas de transmisión podría frenar el despliegue de nuevos proyectos, lo que subraya la importancia de resolver estos cuellos de botella.
Argentina, por su parte, está mostrando un impulso relevante a través de su programa RenovAr, que ha puesto en marcha 180 proyectos, logrando que cerca del 16% de su demanda eléctrica sea cubierta por energías limpias en 2024. A pesar del contexto económico desafiante en el que se encuentra el país, este avance demuestra que la transición hacia energías renovables es posible incluso en tiempos de incertidumbre, siempre que existan reglas claras y se fomente la creatividad financiera. La capacidad de Argentina de adaptarse y crecer en este campo es un ejemplo de cómo la voluntad política puede transformar el sector energético.
Uruguay, con un impresionante 90% de su matriz energética proveniente de fuentes limpias, se presenta como un modelo inspirador. Su Fondo de Innovación para Energías Renovables combina capital privado con recursos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), creando un espacio propicio para la validación de tecnologías y el fomento de soluciones innovadoras en energía. Este enfoque no solamente ayuda a diversificar su matriz, sino que también puede servir como modelo para otros países de la región que buscan impulsar su transición energética.
IRENA señala que acelerar la transición energética podría incrementar el PIB anual de Sudamérica en un 1,1% y generar más de 12 millones de empleos en el sector. Para alcanzar este objetivo, es crucial que la región duplique su ritmo de instalación de energías limpias, amplíe sus redes y asegure el almacenamiento adecuado de energía. La planificación coordinada entre países, que aproveche las complementariedades geográficas y climáticas, es fundamental. La cumbre RE+ Cono Sur, programada para marzo de 2026 en Chile, se posiciona como un evento estratégico en esta trayectoria, donde más de 60 empresas y líderes globales trabajarán para construir alianzas y movilizar la inversión necesaria. Sudamérica cuenta con los recursos para consagrarse como una potencia renovable mundial, pero esto depende de decisiones políticas firmes y una acción colectiva decidida.




