Santiago, 25 de noviembre de 2025.- En un contexto de creciente digitalización, Chile se destaca como un pilar en el desarrollo de centros de datos en Latinoamérica. Este avance no solo ha posicionado al país como un líder regional en infraestructura tecnológica, sino que también pone de manifiesto la urgente necesidad de abordar debilidades estructurales en su sistema eléctrico. El Plan Nacional de Data Centers resalta las capacidades de Chile, que combina una amplia cobertura territorial con una red de fibra óptica de alta velocidad y la implementación de tecnología 5G. Sin embargo, para consolidar su estatus como nodo de datos regional y global, es imperativo fortalecer la infraestructura eléctrica para garantizar la continuidad y resiliencia de los servicios.
Jaime Castro, Gerente de Prácticas de Nube Híbrida en Coasin Logicalis, advierte sobre la crítica dependencia de la economía digital y la inteligencia artificial (IA) de una infraestructura eléctrica adecuada. ‘La modernización de nuestro sistema eléctrico es esencial para asegurar que, en caso de fallas, la operación de los centros de datos no se vea comprometida’, subraya. Los centros de datos son fundamentales no solo para el almacenamiento de información, sino también para soportar servicios digitales esenciales y operaciones administrativas. Su vulnerabilidad ante interrupciones podría desencadenar crisis en la provisión de servicios básicos y afectar la seguridad pública.
La necesidad de diversificar las fuentes de energía en Chile es un aspecto que se vuelve cada vez más primordial. La concentración del 95% de los centros de datos en la región metropolitana plantea riesgos significativos, especialmente en situaciones imprevistas. Castro sugiere que es crucial ampliar la cantidad de proveedores de energía para establecer respaldos efectivos. ‘Contar con al menos dos proveedores de energía para los centros de datos puede ser la clave para mitigar los efectos de posibles desastres naturales o apagones prolongados’, explica. Esta diversificación incrementaría la fiabilidad del sistema y minimizaría el impacto de eventos catastróficos en la infraestructura digital del país.
El futuro de la inteligencia artificial en Chile también impone desafíos adicionales en términos de demanda energética. A medida que las industrias comienzan a integrar gradualmente esta tecnología, el requerimiento de capacidad de cómputo aumentará, lo que, a su vez, incrementará el consumo eléctrico. Castro advierte sobre la necesidad de analizar cómo se garantizará esta creciente demanda. ‘La implementación de modelos de IA demandará más procesamiento y, por ende, más refrigeración para manejar el calor generado’, puntualiza. La generación de calor será un factor crítico que las empresas deberán contemplar a la hora de planificar sus infraestructuras tecnológicas.
Finalmente, el futuro digital de Chile dependerá de su capacidad para ofrecer una infraestructura energética robusta y resiliente. Sin esta base sólida, el desarrollo de tecnologías emergentes y los avances en inteligencia artificial pueden verse amenazados. A medida que el país continúa avanzando en la economía digital, es vital que los actores del sector tanto público como privado colaboren para modernizar la red eléctrica y asegurar el crecimiento sostenible de la infraestructura de datos. Con un enfoque proactivo y coordinado, Chile puede aprovechar su posición privilegiada en el ámbito tecnológico y enfrentar los desafíos que se perfilan en el horizonte.




