El crecimiento de la electromovilidad en Chile plantea un importante desafío relacionado con la gestión de las baterías una vez que han dejado de ser aptas para su uso en vehículos eléctricos. Actualmente, la capital, Santiago, registra un notable aumento en el número de buses eléctricos, alcanzando en 2025 un total de 3.849 unidades en operación y pronosticando que, para 2026, esta cifra se eleve a cerca de 4.400, lo que representaría aproximadamente el 68% de la flota operativa del sistema RED. La creciente adopción de vehículos eléctricos, además de ser un signo positivo hacia la sostenibilidad, genera la imperante necesidad de planificar adecuadamente el destino de las baterías inservibles, cumpliendo así con las metas establecidas en la Estrategia Nacional de Electromovilidad 2030.
El proyecto LiBR3, liderado por CircularTec y apoyado por Corfo, busca abordar este desafío a través del desarrollo de protocolos técnicos que evalúen el potencial de las baterías desgastadas para ser reusadas en otras aplicaciones. Mauricio Retamales, director del proyecto, subraya la importancia de anticiparse a esta situación, sugiriendo que Chile necesita invertir en investigación y normativas desde ya, de manera que cuando llegue el momento de desactivar las baterías de los vehículos eléctricos, exista una infraestructura y un marco legal previamente establecido para su manejo seguro y eficiente.
La relevancia de la segunda vida de las baterías se sitúa en un contexto más amplio de economía circular, donde el objetivo es maximizar el aprovechamiento de los recursos y minimizar los desechos. Al respecto, el Dr. Luis Martínez Cerna, director ejecutivo de CircularTec, destaca que la reutilización de estas baterías no solo contribuye a la sostenibilidad, sino que también representa una oportunidad para fortalecer las capacidades tecnológicas en Chile. La visión de CircularTec es que este enfoque no solo generará beneficios económicos, sino que también promoverá una cultura de sostenibilidad y responsabilidad ambiental dentro del país.
El éxito del proceso de reutilización de baterías dependerá, en gran medida, de establecer protocolos claros que guíen su desmantelamiento, inspección y pruebas de seguridad. Según Marcos Falcone, líder de protocolos en LiBR3, es esencial que las etapas del tratamiento de estas baterías sean meticulosamente documentadas y estandarizadas para garantizar la seguridad, especialmente en sistemas de alta energía. En este sentido, el proyecto no solo está enfocado en definir procedimientos internos, sino también en evaluar la aplicabilidad de estándares internacionales, asegurando que cada etapa se realice bajo normas que sean adecuadas para el contexto local.
La construcción de protocolos adaptados a la realidad chilena no es un tarea sencilla, dado que requiere un estudio profundo de los diferentes antecedentes, tecnologías y niveles de degradación que presentan las baterías en uso. La capacidad de integrar la experiencia internacional con las condiciones locales será uno de los elementos clave en el desarrollo exitoso de este proceso. Esto no solo ofrecerá un marco operativo para la reutilización segura de las baterías, sino que también posicionará a Chile como modelo en la gestión de recursos dentro del ámbito de la electromovilidad y la sostenibilidad.




