Desde el advenimiento de la conectividad a Internet, las generaciones que nacieron antes y después de 1998 han experimentado un cambio significativo en la forma de interactuar con la tecnología. El característico chirrido de los módems de acceso telefónico es un eco del pasado que, aunque nostálgico, ha sido reemplazado por la comodidad de la banda ancha impulsada por un vasto sistema de cables submarinos. Este progreso en la infraestructura de Internet no solo ha facilitado el acceso a la información, sino que ha transformado la dinámica familiar en torno al uso de dispositivos conectados, marcando un punto de inflexión en la era digital. En este contexto, Rob McGreevy, Director de Producto de AVEVA, establece un paralelismo entre el auge de la inteligencia artificial y el desarrollo de la red de fibras ópticas, destacando la importancia de la ingeniería para capitalizar el potencial económico de la IA, valorado en 22,3 billones de dólares.
La industria de la ingeniería, adquisición y construcción (EPC) ha sido fundamental en la realización de proyectos de gran envergadura, capaces de enfrentar plazos y costos que parecen insuperables. McGreevy destaca que, ante la creciente demanda de energía y capacidad de procesamiento, es esencial que la industria EPC aplique su amplio conocimiento para adaptarse a los nuevos retos que plantea la IA. La proyección indica que la capacidad de los centros de datos deberá duplicarse de 103 GW a 200 GW para 2030, lo que resalta la urgencia de optimizar la construcción y operación de estos complejos industriales que dependen de un suministro constante y eficiente.
Las fábricas de IA de gigavatios han emergido como instalaciones industriales de gran escala, con características que desafían las convenciones de los típicos centros de TI. Estas fábricas requieren una infraestructura comparable a la de grandes plantas industriales, tanto en su consumo energético como en sus estándares de refrigeración y operaciones. McGreevy enfatiza que el tiempo necesario para construir estos centros de datos utilizando métodos tradicionales oscila entre 18 y 36 meses, un período que se torna insostenible considerando la rápida escalada de demanda y el crecimiento proyectado del consumo eléctrico. Sin la adecuada inversión en infraestructura, muchas de las instalaciones planificadas podrían enfrentar retrasos significativos, lo que podría perjudicar la capacidad global de manejar la demanda creciente.
El enfoque de EPC en tratar las fábricas de IA como instalaciones industriales ofrece un camino probado para abordar los desafíos del futuro. Los gemelos digitales se han convertido en herramientas clave para alcanzar victorias escalables y repetibles. A través de un diseño digital integrado, se logra optimizar la energía, refrigeración, procesamiento y construcción en un solo sistema. Este enfoque permite que los módulos prefabricados sean ensamblados y listos para ser conectados en el sitio, garantizando un proceso más ágil y eficiente. Al implementar gemelos digitales, se crea una columna vertebral de datos que mapea y optimiza cada función del proceso, reduciendo no solo el tiempo de construcción, sino también el consumo de energía y aumentando la sostenibilidad económica de las instalaciones.
En medio del auge de la inteligencia artificial, es innegable que los ciclos de construcción eficaces son esenciales para maximizar el retorno económico que esta tecnología puede ofrecer. Se espera que para 2025, el 88% de las empresas grandes adopten IA en al menos una de sus funciones, lo que subraya la necesidad urgente de una infraestructura de cómputo robusta. Sin embargo, muchas organizaciones se enfrentan a la limitación de estrategias de IA incipientes y recursos insuficientes. Rob McGreevy concluye que la única solución viable es un cambio en la forma de construir. La transición hacia un modelo más eficiente y adaptado a las necesidades actuales, como se evidenció con el avance hacia el internet de banda ancha, podría ser el punto de inflexión que impulse a las empresas hacia el futuro.




