El reciente aumento en los costos energéticos, combinado con la llegada de sistemas frontales y decisiones de aprovisionamiento tomadas en meses anteriores, está generando una situación complicada para las empresas chilenas. Especialistas destacan que la presión no solo proviene de las circunstancias actuales, sino también de la forma en que se planificó en el pasado. En este contexto, el inicio del segundo semestre se presenta marcado por una diversidad de factores de presión, que incluyen no solo los costos que se sienten nuevamente tensos, sino también condiciones climáticas adversas y decisiones operativas que continúan afectando el presente. “Más que la variación puntual de un costo, lo complejo para las empresas es la combinación de incertidumbre en la disponibilidad, cambios en la demanda y decisiones que se tomaron en otro contexto. Ese es el escenario donde hoy se está operando”, explica Pedro Muzzio, socio director de Demafront, expertos en optimización predictiva.
Aunque el contexto actual parece ser el principal desencadenante de estas dificultades, muchos de los problemas que enfrentan las empresas tienen sus raíces en decisiones tomadas meses atrás. En períodos de alta incertidumbre, muchas organizaciones optaron por aumentar sus inventarios o adelantar compras con el fin de asegurar la disponibilidad de productos. Debido a estas decisiones, las empresas se encuentran ahora enfrentando un desfase que genera presión en su operación. “El verdadero problema no es solo lo que está ocurriendo en este momento, sino el inventario que fue adquirido con información, precios y situaciones totalmente diferentes. Ese desfase es el que hoy impacta en la eficiencia operativa”, indica Muzzio.
Sumándose a esta situación, los sistemas frontales han causado interrupciones en el transporte, alteraciones en los plazos de entrega y dificultades en la distribución de productos. Estas complicaciones no solo afectan la logística general, sino también la disponibilidad en puntos específicos, particularmente en aquellas áreas más vulnerables a inundaciones y problemas de conectividad. “La combinación de restricciones logísticas y una planificación que no consideró estos escenarios puede ser devastadora, ya que el riesgo no se limita al quiebre, sino que se extiende a la incapacidad de reaccionar con agilidad ante eventos adversos”, advierte el especialista.
El aumento en los costos de energía y transporte adicionalmente ha impactado las decisiones empresariales, las cuales ahora deben equilibrar la disponibilidad, la eficiencia y el uso del capital de manera más estratégica. En este contexto desafiante, no se trata solo de reducir costos, sino de tomar decisiones más precisas en un entorno donde la incertidumbre continúo siendo una constante. Las empresas están en la necesidad de adoptar enfoques más analíticos para gestionar sus operaciones en medio de estas fluctuaciones.
De cara al segundo semestre de 2023, el panorama presenta un desafío claro para las empresas chilenas, las cuales deben funcionar en un entorno cada vez más complicado, donde los errores de planificación repercuten de manera más significativa. La capacidad de adaptación se vuelve crucial y, más que reaccionar ante los cambios, será fundamental anticipar cómo interactúan factores como costos, clima y demanda para influir en la operación. Este segundo semestre se perfila no solo como un periodo de altos riesgos, sino como una prueba de gestión en la que la planificación y la toma de decisiones juegan un papel determinante en el éxito empresarial.




